domingo, 4 de diciembre de 2011

Hermann Broch - La muerte de Virgilio

                  
                        
                        
                          

(...)
así en la activa tristeza,
así se le revela al hombre la belleza,
se le revela cerrada en sí misma, en
el símbolo y en el equilibrio,
flotando hechicera en el lado de enfrente
del yo que que contempla la belleza y del mundo colmado de ella,
cada uno de ambos en su espacio, cada uno de ambos limitado a sí mismo,
cada uno encerrado en sí mismo en su propio equilibrio y por eso mismo ambos
en equilibrio recíproco, por eso mismo en un espacio común;
así se le revela al hombre
cómo está cerrada en sí la bella terrenalidad,
cómo está cerrado en sí el espacio sustentado por el tiempo, petrificado en el tiempo, extendido flotante, mágicamente bello, que ya no se renueva en pregunta alguna, ni se ensancha ya en ningún conocimiento,
constante totalidad del espacio irrenovable e inensanchable, sostenida por el equilibrio
de la belleza que actúa én él; y esta totalidad cerrada en sí del espacio se revela en cada una de sus partes, en cada uno de sus puntos, como si cada uno fuera su límite más interno,
se revela en cada una de las figuras, en cada cosa, en cada obra del hombre,
símbolo en cada una de su propia espacialidad,
como su límite más interno, donde cada esencia se anula a sí misma,
el símbolo que anula el espacio, la belleza que anula el espacio, anulando el espacio
por la unidad, que establece entre él límite más interno y el más externo,
por lo cerrado en sí mismo de lo infinitamente limitado,
la infinidad limitada, la tristeza del hombre;
así se le revela la belleza, como un acontecer del límite, (...)


Hermann Broch, La muerte de Virgilio, trad. A. Gregori, Alianza Editorial, 2005

7 comentarios:

karmen blázquez dijo...

no sé qué decir, sólo leer y leer, como si caminara al lado de esa litera oyendo sus pensamientos, caminar, caminar, toda la tierra dispuesta para caminarla, gracias por recordar esta maravilla, génesis incesante, cualquier fragmento es manantial, y éste que has elegido, entre los que más, y más silente si cabe que otros. Aprecio mucho esta "road-feedback-novela", la aprecio precursora también de muchos "des-géneros".
Gracias Durandarte,
abrazo
k

Durandarte dijo...

Hola, Karmen. Apuesta altísima la de esta novela. En las últimas horas del Poeta (así, con mayúsculas) se concentra un haz con todas las materias que determinan su creación/vida. Esa voz interpela y enraiza.

Compartimos aprecio.

Abrazos

ana dijo...

Es difícil decir algo después de leer el texto.El adentrarse en ese ir y venir de la mente de Virgilio con una destreza en el lenguaje, en el hace presencia el propio poeta en esa circularidad platónica y la visión de equilibrio y perfección insertada en la totalidad. Sin embargo, me llama poderosamente la atención esa frase con la que tú cortas la cita : la belleza como un acontecer del límite, con esa frase salta del platonismo a la postmodernidad, será allí en la tristeza necesaria del límite donde es revelada la belleza. La cita da para una larga conversación. Tengo que leer la novela !
abrazo en el límite
anamaría

Durandarte dijo...

Virgilio-Broch llega a ese límite y no se conforma con él. La unidad platónica, el sentido cerrado y totalizador son laminados por esta voz que va más allá, donde el vértigo.

Detuve el texto ahí, a sabiendas de que lo traicionaría parara donde parase.

Abrazo limítrofe.

Stalker dijo...

quizá es un texto que no puede detenerse, que fluye imparable y rompe todos los diques, todas las previsiones

la novela da la impresión de ser un único trazo, un único aliento; ciclópeo, eso sí: desmesurado, aunque su inflación, su proliferación inextinguible, en realidad desarrolla pocas ideas de fondo (un fondo que aflora en una superficie sinfónica y deslumbrante)

sospecho que, pese a su hibridez genérica, Broch atisba la posmodernidad pero es un hombre profundamente moderno, incapaz de conmover su raíz más honda: todas sus ideas, toda su cultura mental, son en realidad decimonónicas, aunque atiende al tránsito, presiente una metamorfosis de las formas que otros precisaron con un lenguaje acaso más contemporáneo o, al menos, despojado (pienso en la "Carta a lord Chandos" o en el primer Tractatus)

novela excesiva, río interminable de caudalosos afluentes que a pesar de su diseminación significante adviene, al fin, a la clausura hermenéutica

toca ahí el pulso de lo vivo, y quizá en ese momento, en esa intimidad desmembrada, lo sinfónico decae a música de cámara, y la irrespirable Belleza platónica se hace cuerpo,

un abrazo

Durandarte dijo...

Literatura nacida de la “hybris”, como tanta que a sus espaldas empuja desde siglos.
Lukács: “La novela es la forma de virilidad madura”. No puedo evitar una sonrisa ante esta incorrección que puede dificultar su interpretación. La construcción de la novela en el XVIII y el XIX llevaba ya en su febril invención la enfermedad vienesa que estaría muy cerca de destruirla. El grado cero no es una novedad, la inocencia perdida estaba ya en el barroco, así que desde ahí la novela no deja reinventarse. Incluso el imponente realismo del XIX está lleno de aristas y variables. Así que la metamorfosis que vendría no deja de ser también producto de aluvión. La crisis de Lord Chandos es, en realidad, un canto a la literariedad. Solo dejaría de ser paradójico si jamás nos hubiera contado los detalles de su renuncia a la escritura.
La legión de escritores translúcidos, los que adelgazan su vida y su escritura, lejos de debilitar el “canon”, son hoy su parte más robusta (Walser, Musil, Kafka, Schwob). Incluso las posturas más marginales son manifestaciones de una tradición.

Stalker, no sé si la intimidad y la pausa que suceden al vértigo es el lugar preciso donde mirar a la Belleza, o, por el contrario, la estrategia sería aceptar el enfático “principio de lo terrible”.
En cualquier caso, muchas gracias por tu valiosa reflexión.
Un abrazo.

Durandarte dijo...
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