domingo, 21 de septiembre de 2008

La mujer y el monstruo (1954)




Creature from the Black Lagoon (1954), Jack Arnold

Idea Vilariño






Qué asco
qué vergüenza
este animal ansioso
apegado a la vida.

(5 de junio de 1962)


Idea Vilariño, de Poesía completa, Lumen

sábado, 20 de septiembre de 2008

Diego Doncel - I Soliloquio de la purificación






... Y si ahora todo es azul, y de un rumor
sagrado, y los bosques, los pájaros,
el aire, la tierra entera son una alianza
de claridad, ¿no he de beber yo su fuego,
no he de nutrirme hasta estar a puro
con sus ardientes formas terrenales, darme
salud de savia nueva, que al alzarme
como se alzan sus ramos y sus vuelos
a lo alto de la luz, me fecundaré de trinos,
de lluvias, de sol, de tarde rumorosa?
¿Y no he de limpiar ahora mi vida
en el rocío que viene de los cielos?

Esa será la aventura que ha de vivir
mi corazón y sólo este perderme
en las cosas del mundo
será lo que me redima.
Con renunciar a mí mismo
renunciaré a este miedo que me extravía
el fervor, a esta conciencia herida
que sólo siente vértigos y se enajena,
a esta memoria en la que un oráculo
antiguo cumple su amenaza de señalarme
con el destino cruel del mal sagrado.
Que sólo el salir de mí me quitará esta culpa
y seré bendecido, al ignorarme todo,
por este incendio de amor.
Yo vaciaré mi alma para que al fin los seres
puedan habitarme, y seré tan humilde
como una cosa humilde que sólo da piedad.
En la noche calmaré mis sentidos
con la bebida profunda del silencio,
con los misterios celestes de lo desconocido,
mientras fuera de mí la jara brilla
y los luceros huelen a lluvias y a lavandas,
y el azul de la una cultiva
mis adentros.

Oh, sí, en la noche calmaré mis sentidos
y me veré salvado al fin
de todo dolor y toda mi conciencia
y no tendré más sustancia que esta luz derramada
desde lo alto del cielo, que estas flores
sin nombre perfumando los campos,
que este frágil delirio en el tiempo eterno
del olivo, que este sueño de riberas del arroyo
que tanto llena el alma de rumores
iguales a la vida.

Sólo ésta será la realidad,
sólo éste mi sueño: ser como la brisa,
que vaga sin destino, tan inocente y pura,
y no sentir cómo el tiempo
va llenando de polvo el corazón
en honda soledad y sin belleza,
y saber, pese a todo,
que en estos árboles, que en esta agua,
que en estos bancales cubiertos
por la hierba, la vida encuentra paz
entre los vivos y todo queda aceptado
hasta la muerte.


Diego Doncel, de Una sombra que pasa

Jorge Riechmann - Tanto abril en octubre






Tanto abril en octubre

«Cuando a la casa del lenguaje se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo»
Alejandra Pizarnik






1

Tanto dolor escrito en este cuerpo.
Tanta luz anegada en estos ojos claros.
La rosa es sin porqué
—ya lo sabías.
El dolor nunca tiene para qué.




2

En el hospital el tiempo es otro tiempo.
Sigue pautas distintas:
leche caliente a las cuatro y a las once,
desayuno a las nueve,
tantos medicamentos en vasitos de plástico,
tomar la tensión por la mañana y por la noche,
visita de los médicos a las diez más o menos,
la comida a la una, tan temprano...
Lo que desaparece es la impaciencia.
La habitación es un vagón de ferrocarril
y el tren no va a llegar a su destino
antes de tres semanas.
Una visita ha observado
que el Madrid que se ve desde este piso décimo
es un óleo de Antonio López.




3

Después de la mitoxantrona
orinas azul.
Cerca agoniza un muchacho
a quien han serrado la pierna en la cadera:
cercenada pesaba treinta y cinco kilos,
más peso que el resto de su cuerpo ahora.
Un mesmerizador lo hipnotiza
para que no quiera morir
aunque se muere.
Tú orinas un azul
contiguo a esa agonía.




4

Estas enfermedades se llevan muchas cosas.
Lo que queda
me atrevo a llamarlo esencial.
Por ejemplo: estás viva. Te amo.




5

El café con leche cuesta ochenta pesetas.
El zumo de naranja natural, doscientas.
Un litro y medio de agua
mineral cuesta ciento veinticinco.
El tratamiento —que paga
la Seguridad Social— de seis a ocho millones.




6

A veces he pensado que ya estabas muerta
y yo vivía alguna vida sin ti,
quizá con otra mujer.


La libertad de un duelo.
Me imagino releyendo los cuadernos de tu mano
escritos con esa letra que tú juzgabas tan fea.


Entonces me doy cuenta de que esa vida
es un pozo seco que en realidad no imagino
y no tendría que ver conmigo nada,
nada.





7

De pie detrás de ti
te rodeo la cintura con los brazos
mientras te inclinas para lavarte la cara
(esta mañana te desvaneciste
y volviste luego con un minuto de terror
sobre la lengua).
Te sostengo para que no caigas,
mi carne junto a tu carne.


Mientras estamos así
pienso en todas las veces que estuvimos así
pero mi carne dentro de tu carne
pero tu carne envolviendo mi carne.


Y de repente eres tú quien me estás sosteniendo
para que yo no caiga.





8

Sueñas
que queman por dentro a un caballo


y al día siguiente empieza la fiebre.





9

El tónico facial y la crema hidratante
hasta con treinta y nueve grados.
Hasta cuando eso representa más trabajo
que el de la jornada en que más hayas trabajado en tu vida.
Todo ese trabajo
para salvar la tersura de la piel


salvar la vida y el mundo
que hoy dependen de la tersura de la piel.





10

Un archipiélago de pequeñas estrellas de sangre
sobre los muslos.
Tienes sólo doce mil plaquetas hoy.
Han bautizado a tus estrellitas petequias.




11

Eres sagrada
Tu orina huele mal
eres sagrada
Se te cae el hermoso pelo negro
eres sagrada
Las piernas no te sostienen
eres sagrada
Las heridas no cicatrizan
eres sagrada
Sin morfina no aguantas las llagas de la boca
eres sagrada
eres sagrada
y por eso mañana baja la fiebre
baja la fiebre azul
empieza el día de tu restitución.




12

Ya pasó, ya pasó, y sólo quedan
los chiquillos jineteando sus mountain-bikes en el baldío
—más allá del aparcamiento, diminutos
desde la planta décima—
y esa gota de sangre sobre los cubiertos de plástico.


Jorge Riechmann, de El aprendizaje de lo inesperado. Antología personal
En www.cervantesvirtual.com

sábado, 13 de septiembre de 2008

Seven Chances




Seven Chances (1925), Buster Keaton

Du Fu






CABALLOS TÁRTAROS DE FANG BINGCHAO


Célebres son los caballos de Dayuan.
Delgados, tienen los lomos
puntiagudos y destacados,
y las orejas afiladas,
semejantes a bambúes cortados.
Con los cascos ligeros como el viento,
son relámpagos.
Voladores y briosos,
te llevan a franquear
inauditas distancias en un solo día.
Puedes confiarles sin recelos tu vida.


Du Fu, en Poesía clásica china, Cátedra

Edgar Bayley






ELLA SIEMPRE


quiero decir
puerto espinel
y un río
y catedral reposo
pisadas en la arena
y el rojo puente
el azafrán y el valle

quiero decir
tu juego de púrpura y olvido
y la tenaz viajera sombra
por donde llega la mañana


Edgar Bayley

Jorge Riechmann






FELICES LOS vivos
porque tienen un cuerpo

Felices los muertos
porque no tienen un cuerpo

La herencia ausente
es la que colma el linaje

Felices los encuentros
felices


Jorge Riechmann, de Poema de uno que pasa
www.cervantesvirtual.com

viernes, 5 de septiembre de 2008

The Wire




The Wire, David Simon

Ritmo de Otoño: nº 30



Jackson Pollock, Ritmo de Otoño: nº 30

El Criticón - Baltasar Gracián







Entrada del Mundo


Cauta, si no engañosa, procedió la naturaleza con el hombre al introducirle en este mundo, pues trazó que entrase sin género alguno de conocimiento, para deslumbrar todo reparo; a escuras llega, y aun a ciegas, quien comienza a vivir, sin advertir que vive y sin saber qué es vivir. Críase el niño, y tan rapaz, que, cuando llora, con cualquier niñería le acalla, y con cualquier juguete le contenta. Parece que le introduce en un reino de felicidades, y no es sino un cautiverio de desdichas: que, cuando llega a abrir los ojos del alma, dando en la cuenta de engaño, hállase empeñado sin remedio, vese metido en el lodo de que fue formado: ¿y ya qué puede hacer sino pisarlo, procurando salir de él como mejor pudiere? Persuádome que, si no fuera con este universal ardid, ninguno quisiera entrar en un tan engañoso mundo, y que pocos aceptaran la vida después, si tuviera estas noticias antes.


Baltasar Gracián, El Criticón

viernes, 29 de agosto de 2008

Tao Yuanming - Poesía clásica china






II

He sembrado yo judías
al pie del Monte Poniente.
Crecen sólo escasos brotes,
y abundan las malas hierbas.
Al alba salgo a escardarlas.
Con el azadón al hombro,
regreso acompañado de la luna.
Angosta es la senda,
y altos los abrojos.
El rocío vespertino
me moja la túnica.
Mas nada de esto me importa.
Lo único que quiero
es hacer lo que me gusta.


Tao Yuanming, en Poesía clásica china.
Edición de Guojian Chen

Clara Janés






Pesadas huellas en el vergel.
Deja que el jabalí,
rey de la noche,
se coma las manzanas.
La ciencia queda en el árbol
para que juegue con ella
la serpiente
que oímos
aunque no lleguemos a ver.


Clara Janés, de Paralajes

domingo, 24 de agosto de 2008

José A. Valente






Tiempo del héroe

sobre cualquier tierra, ya nuestra


Para que nunca seas
pasto sólo del rito y las palabras
ni caigas nunca de tu inmensa muerte
ni nazcan de ella más que hombres armados,
votivo rompo el verso indigno
de ti y de esta hora.


José A. Valente, de Breve son

Patricia Damiano






Pentesilea


Se ha hurtado el casco negro y el cabello se disuelve
y la atavía.
No hay tablero más exacto.
No hay otro laurel.

Algo dicta al arte tu partícula más inútil.

En la pequeña hora,
la espada lejos del amoroso vuelo,
Héctor ha de morir
tres veces
en torno a Ilión.



Patricia Damiano, de Playa Köchel

Antonio Méndez Rubio







7.


En pie, como duermen los pájaros
sobre los árboles sin hojas,
respira el corazón. Sucede
la devastanción del instante
en que alguien quisiera mirar
la luz que se olvidó del fondo
para poder vivir. Repasa
lo que se puede y lo que no
se puede decir: verdad, aire.


11.


Nada hay más constante que hablar
el terco lenguaje sin voz
ni signos. Ni poderlo oír
se parece más a la suerte
de su desmemoria en las ramas
mudas, en el caer de los ojos
contentos por azar. Se entiende
y se reconoce mejor
esa señal que cualquier otra.


Antonio Méndez Rubio, de Para no ver el fondo

jueves, 21 de agosto de 2008

Kokinshu (Poesía clásica japonesa)






¿Por qué pensé
que las gotas de rocío
eran efímeras?
Sólo porque yo
no yazco sobre la hierba.


Fujiwara no Koremoto, en Poesía clásica japonesa. Kokinwakashu.
Traducción: Torquil Duthie

viernes, 15 de agosto de 2008

San Juan de la Cruz






¡Apártalos, Amado,
que voy de vuelo!
Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma.

Mi amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,

la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.


San Juan de la Cruz, Cántico espiritual (fragmento)

Edmond Jabès







A la llegada del poema, aurora y crepúsculo se convierten en noche, el comienzo y el final de la noche. El poeta lanza entonces su red, como el pescador en el mar, a fin de captar todo lo que se mueve en lo invisible, esas miríadas de seres incoloros, sin hálito y sin peso, que pueblan el silencio. Se apoderan, por sorpresa, de un mundo prohibido cuyos límites y poder ignora, y sobre todo le impedirá, una vez tomado, perecer; los seres que lo componen, como los peces, prefieren la muerte a la pérdida de su reino.
Rondando por cada sombra perpetuada, indefinidamente, el poeta desgarra una cortina de raso, párpado del secreto.

*

Nada más compuesta, la frase muere. Las palabras le sobreviven.

*

Marchar en carne viva hasta el hombre.

*

Memoria de las palabras. Las palabras desmontan la memoria.

*

El hombre siempre es salvado por un milagro.



Edmod Jabés, de El umbral La arena

domingo, 10 de agosto de 2008

La caja de Pandora




G.W. Pabst, La caja de Pandora (Lulú)(1928)

Aníbal Núñez






7. EL CONDE

En todo reino por razón de estado
hay un enano lleno de ambición.
Pero sólo en aquel país de la baba
un conde sin condado –poco amigo del rey y de la plebe–
pactó con el demonio sin saberlo el diablo.
Dejaba hacer no en sus dominios (eran
ya hemos dichos, maneras de la luz):
su palacio y cabaña. Hacía por no pisar
los parterres redes, las fiestas cortesanas
–pagaba puntualmente a sus primos burgueses
rentas de hiel por miel.

De ser señor de nada tenía la recompensa
de guardar la palabra que nadie sabe oír.


EL CONDE

Ve dianas el conde que no existen
guantes donde ya no,
un cortejo nupcial en los
estanques.
Monedas acuñadas. Ya ni eso.


8. CUARZO

¡Los cazadores de ocasiones, leyes
y
y el aspaviento de los perseguidos!

9. LA MISIVA

"He vencido al Arquero. Su señuelo
dudo de que lo fuera. No mi importa
haber errado el golpe: una paloma
bien merece la fe que acaso tengas.
Iba sin armadura, mas armado
de ambigua aljaba, de blasón espejo,
a su paso, a su aire,
volando si era halcón, flechas burlando,
y, si asaetado inmune.

Ahora siento el amor quizá la brecha
que abrió el ariete en mí. Que la constancia
trueque lo que no fue en realidad.

"Tu siervo"

LA MISIVA

Un lacayo equipado
para trasponer cerros
llevó a la noble dama
un pájaro maligno
que le haga sombra al sol, daño
al océano.


Aníbal Núñez, de Cuarzo, en Obra poética


El tío Vania







VOINITSKY.- Dentro de unos minutos la lluvia habrá pasado y todas las cosas de la naturaleza estarán lozanas y respirarán aliviadas. Únicamente a mí no me aliviará la tormenta. Día y noche me ahogo al pensar que perdía mi vida irremediablemente. No tengo pasado, todo mi pasado lo derroché estúpidamente en fruslerías, mientras el presente resulta horrible a fuerza de no tener sentido. Mi vida, mi amor, mírelos, ¿a quién ofrecérselos? ¿Qué voy a hacer con ellos? Mis sentimientos hacia usted son tan mal gastados como un rayo de sol que cae en un pozo, y yo no soy menos estéril.


Antón Chejov, El tío Vania

sábado, 2 de agosto de 2008

Corto Maltés


Corto Maltés, Hugo Pratt

Vicente Huidobro







Alguien iba a nacer



Algo roza los muros...
Un alma quiere nacer.

Ciega aún.

Alguien busca una puerta,
Mañana sus ojos mirarán.

Un ruido se ahoga en los tapices.

¿Todavía no encuentras?

Pues bien, vete,
No vengas.

En la vida
Sólo a veces hay un poco de sol.

Sin embargo vendrá,
Alguien la espera.



Vicente Huidobro, de En mares no nacidos (1916-1931)

Anábasis - Saint-John Perse







VII

No habitaremos siempre esta tierra amarilla que fue nuestra delicia...

El Verano, más vasto que el Imperio, suspende en las mesetas del espacio varias capas de climas. La vasta tierra en su era rueda hasta el borde su pálida brasa bajo las cenizas. –Color de azufre, de miel, color de cosas inmortales, toda tierra de hierbas encendiéndose con las pajas del otro invierno– y de la verde esponja de un solo árbol el cielo extrae su jugo violeta. (...)

En voz más baja por los muertos, en voz más baja por el día. ¿Tanta dulzura en el corazón del hombre puede impedirle encontrar su medida...? "Os hablo, ¡alma mía!, ¡alma mía ensombrecida por un perfume de caballo!" Y algunos grandes pájaros terrígenos, en su navegación hacia el Oeste, imitan justamente a nuestros pájaros marinos. (...)


Saint-John Perse, de Anábasis. Trad.: José Antonio Gabriel y Galán.


Nous n'habiterons pas toujours ces terres jaunes, notre délice...

L'Été plus vaste que l'Empire suspend aux tables de l'espace plusieurs étages de climats. La terre vaste sur son aire roule à pleis bords sa braise pàle sous les cendres. –Couleur de soufre, de miel, couleur de choses inmortelles, toute la terre aux herbes s'allumant aux pailles de l'autre hiver– et de l'eponge verte d'un seul arbre le ciel tire son suc violet. (...)

À voix plus basse pour les morts, à voix plus basse dans le jour. Tant de douceur au coeur de l'homme, se peut-il qu'elle faille à trouver sa mesure...? "Je vous parle, mon âme! –mon âme! –mon âme tout enténébrée d'un parfum de cheval!" Et quelques grands oiseauxs de terre, navigant en Ouest, sont de bons mimes de nos oiseaux de mer. (...)







sábado, 26 de julio de 2008

Ombra mai fù - Caruso



Händel, Ombra mai fù, de Xerxes. Intérprete: Enrico Caruso

Cantiga de amigo






Sedia-m'eu na ermida de San Simión,
e cercaron-mi as ondas, que grandes son,
Eu atendend'o meu amigo!
Eu atendend'o meu amigo!

Estando na ermida ant'o altar,
cercaron-mi as ondas grandes do mar,
Eu atendend'o meu amigo!
Eu atendend'o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas, que grandes son;
non ei i barqueiro nen remador.
Eu atendend'o meu amigo!
Eu atendend'o meu amigo!

E cercaron-mi as ondas do alto mar;
non ei i barqueiro, nen sei remar.
Eu atendend'o meu amigo!
Eu atendend'o meu amigo!

Non ei i barqueiro nen remador:
morrerei, fremosa, no mar maior.
Eu atendend'o meu amigo!
Eu atendend'o meu amigo!

Non ei i barqueiro, nen sei remar:
morrerei, fremosa, no alto mar.
Eu atendend'o meu amigo!
Eu atendend'o meu amigo!


Mendinho, S. XIII, Cantigas de amigo, Antoloxía.

Leopoldo María Panero







ORA ET LABORA, I


Señor, largo tiempo llevo tus restos en el cuello y aún
en mi boca sola, y me arrodillo ante las tardes
y en rezo me evaporo,
como si fuera mi casa la ceniza.
Es
como si no existo, como si el rezo
pidiera a los dioses la limosna de mi nombre
ante la tarde entera.
Nunca supe lo que el cielo era:
quizá la tarde, tal vez
amar más que ninguno
a mi madre, la ceniza.
¡Oh espía!
De mí aparta tu ojo, hice un voto
haz secreta mi muerte.


Leopoldo María Panero, de Agujero llamado Nevermore

miércoles, 16 de julio de 2008

La kermesse héroique




La kermesse héroique (1935), Jacques Feyder

Jean Dubuffet




Jean Dubuffet, Puerta con grama (1957)

Georges Seferis






IV

Dijiste hace años;
"En el fondo soy un asunto de luz".
Y ahora todavía al apoyarte
en la ancha espalda del sueño
aun cuando te hunden
en el pecho aletargado del ponto
buscas rincones donde el negro
se ha gastado y no resiste
buscas a tientas la daga
destinada a perforar tu corazón
y abrirlo a la luz.


Georges Seferis, de Tres poemas ocultos, Antología poética, trad. Pedro Ignacio Vicuña

jueves, 10 de julio de 2008

Night and the city



Night and the city(Noche en la ciudad) (1950), Jules Dassin

Antonio Méndez Rubio






Lo vivido, no lo hecho


Ni toda la humildad, precisamente.
¿Ves el desconcierto del mundo? ¿Puedes
realmente verlo, no por ti, no por nadie, cómo
se acuerda de cualquier imagen
sea o no sea imprevista? Se apodera de lo
que te ha hecho estar aquí.
Huella de la canción, memoria cierta,
voz. Y luego hay que servir.
Mira una sola cosa: ha empezado a llover,
hay pájaros que van, lo que vas a aprender
no son palabras.


Antonio Méndez Rubio, de Razón de más

Oscar Hahn






Fragmentos de Heráclito al estrellarse contra el cielo


Heráclito vivía en un río de Éfeso
encerrado en la placenta del sueño
lejos de los dormidos de la ribera

Heráclito tenía la barba luenga
y la lengua larga para lamerte mejor

No nos bañamos dos veces en el mismo río
No entramos dos veces en el mismo cuerpo
No nos mojamos dos veces en la misma muerte

A bordo de un tonel sube el Oscuro
en dirección a los rápidos rápidos
a contracorriente de Parménides
y desemboca en la Biblioteca de Londres
con la barba más negra y ancestros de aire

Heráclito vivía en un río de Éfeso
pero no se bañaba dos veces en el mismo río
Se bañaba en la catarata de un ojo
Se bañaba en su acuoso cuerpo
y rielaba fluía y ondulaba
Parménides vivía en un bloque de hielo
y se bañaba siempre en el mismo bloque
El que purifica la manchándose con sangre
el que se limpia el barro con barro
en este punto trata de retomar contradiciéndose
y reingresa en las llamas acuáticas
en las aguas flamígeras que flamean

A grupas de la luz monta en el Oscuro
en dirección al gran Fuego celeste
a la velocidad del sentimiento
de los que se aman a primera vista
y se destroza en astillas de hielo
contra los muros del espacio finito
embarrado de estiércol y fango estelar

Si Heráclito tuviera hidropesía
las clínicas se llenarían de agua
las camas blancas de arroyos enfermos
si Heráclito no tuviera hidropesía

Y en el Corral de las Constelaciones
los animales luminosos disputan
los desperdicios de su cuerpo encallado
La Osa chupa la miel de sus vértebras
el Pez desgarra sus carnes con algas
y el Can encierra en el cielo sus huesos

Heráclito vivía en el éter del cosmos
y era una tempestad de aerolitos
en dirección a los Mares terrestres

Heráclito tenía el alma seca
y el vino triste y un aire soñoliento


Oscar Hahm, en la web: autordelasemana.uchile.cl

sábado, 5 de julio de 2008

Paul Celan






Asequible a la palabra
era el mirlo de un
ala, en vilo,
sobre el muro cortafuego, detrás
de París, allí arriba,
en el
poema.


Paul Celan, de Obras completas


Anredsam
war die ein-
flüglig schwebende Amsel,
über der Brandmauer, hinter
Paris, droben im Gedicht.



Aníbal Núñez - J. E. Millais


John Everett Millais, La muchacha ciega (1856)


LA MUCHACHA CIEGA
(Millais)


Te has sentado de espaldas a un arco iris doble
que no ves pero sientes: tus mejillas
aún húmedas de lluvia se encienden -ha venido
el sol tan de repente, con tan buenas
palabras, que el rubor... - En tu harapiento
regazo se entreabre
tu anciano acordeón con un suspiro.

Oyes pastar, revuelto de plumajes
azules. La campana
del santuario gótico está a punto
de tocar a oración. Tu frágil guía
olfatea en tu mantilla: huele a hermana
mayor, a estambre húmedo,
a todos los caminos.

Por fijarme
en una mariposa roja y negra,
que se posó en tu hombro sin que tú lo notaras
-así llega la muerte a los arcángeles-,
no he visto que tu mano
derecha acariciaba una corola
blanca. ¿Cómo has sabido que era blanca?


Aníbal Núñez, en Obra poética

jueves, 3 de julio de 2008

Al-Mu'tamid





El paso de las perdices


Lloré al paso de las perdices en bandada,
libres, sin cárcel, no lastradas por grilletes,
y no fue, Dios me libre, de pura envidia,
que fue melancolía, ¡si me pareciera a ellas!
y volase suelto, sin la familia dispersa,
y las entrañas en carne viva, ni hijos ni muertos
haciendo manar el llanto de mis ojos.
¡Tenga buena suerte! que no se rompió su grupo
ni saboreó ninguna la separación de los suyos,
que no han pasado -como yo- la noche,
el corazón en un puño, a cada estremecerse
de la puerta de la cárcel, o gemir de los cerrojos.
Y no es esto algo que haya discurrido.
Solo describo lo que desde siempre alberga
el corazón del hombre. Mi alma anhela
el encontronazo con la muerte:
otro quizás amaría la vida cargado de grilletes.
Que Dios preserve a las perdices en sus crías,
que a las mías las traicionaron el agua y la sombra.


Al-Mu'tamid, de Poesía árabe clásica