Un caballo de hielo duerme bajo la niebla
J. E. Cirlot
Todo son escombros, tierra revuelta, árboles desnudos,
niebla, pero florece el almendro.
En la niebla interior: aridez, espinas, abandono...
Y ese caballo de hielo que duerme.
Clara Janés, de Variables ocultas, Vaso Roto, 2010
sábado, 30 de abril de 2011
Clara Janés - Variables ocultas
viernes, 22 de abril de 2011
Charles Simic
La ciudad había caído. Acabamos en la ventana de una casa
llevada por un loco. La puesta de sol brillaba sobre
algunas máquinas de desperdicio abandonadas. "Recuerdo",
dijo alguien, "cómo en los viejos tiempos uno podía convertir
a un lobo en un hombre y luego hablar de ello tanto como quisiera".
Charles Simic, de El mundo no se acaba y otros poemas, trad. Mario Lucarda, DVD ediciones
sábado, 16 de abril de 2011
Li Qingzhao - Neblina fina
Melancolía infinita.
Han terminado los inciensos
en los trípodes esculpidos
de animalitos dorados.
Ha llegado la Fiesta
del Nueve de Septiembre.
De noche, el frío atraviesa
las cortinas y penetra en la estera
y la almohada de jade.
A la caída de la tarde,
bebo sola en el jardín.
La fragancia llena mi vestimenta.
Cuando sopla el duro viento
y alza la cortina de mi ventana,
verán que estoy más delgada
que un mustio pétalo de crisantemo.
Li Qingzhao, en Poesía clásica china, edición de Guojian Chen, Cátedra
sábado, 9 de abril de 2011
El descenso - William Carlos Williams
El descenso nos llama
como nos llamaba el ascenso.
La memoria es una especie
de consumación,
una suerte de renovación,
incluso
de inicio, pues los espacios que abre son lugares nuevos
habitados por hordas
de especies
hasta entonces impensadas;
y sus movimientos
se orientan hacia nuevos objetivos
(aun cuando antes hayan sido abandonados).
Ninguna derrota es enteramente una derrota, pues
el mundo que abre es siempre un sitio
hasta entonces
insospechado. Un
mundo perdido,
un mundo insospechado,
abre paso a nuevos lugares
y no hay blancura (perdida) tan blanca como el recuerdo
de la blancura .
Con el atardecer, el amor despierta
aunque sus sombras
-que dependen
de la luz del sol-
se adormecen y se apartan
del deseo .
Despierta así un amor
sin sombras
que ha de crecer
con la noche.
Surgido de la desesperación,
inconcluso,
el descenso
despierta aun nuevo mundo
que es el reverso
de la desesperación.
Para lo que no podemos lograr, lo que
se niega al amor,
lo que perdimos por anticiparnos,
se abre un descenso
sin fin, e indestructible .
The Descent
The descent beckons
as the ascent beckoned.
Memory is a kind
of accomplishment,
a sort of renewal
even
an initiation, since the spaces it opens are new places
inhabited by hordes
heretofore unrealized,
of new kinds-
since their movements
are toward new objectives
(even though formerly they were abandoned).
No defeat is made up entirely of defeat-since
the world it opens is always a place
formerly
unsuspected. A
world lost,
a world unsuspected,
beckons to new places
and no whiteness (lost) is so white as the memory
of whiteness .
With evening, love wakens
though its shadows
which are alive by reason
of the sun shining-
grow sleepy now and drop away
from desire .
Love without shadows stirs now
beginning to awaken
as night
advances.
The descent
made up of despairs
and without accomplishment
realizes a new awakening:
of despair.
For what we cannot accomplish, what
is denied to love,
what we have lost in the anticipation-
a descent follows,
endless and indestructible .
William Carlos Williams, La música del desierto, trad. Juan Antonio Montiel, Lumen
sábado, 2 de abril de 2011
Charles Simic - Prodigio
Crecí doblado
sobre un tablero de ajedrez.
Amaba la palabra final.
Todos mis primos parecían preocupados.
Era una casa pequeña
cercana a un cementerio romano.
Aviones y tanques
sacudían los vidrios de sus ventanas.
Un profesor de astronomía jubilado
me enseñó a jugar.
Debe haber sido en 1944.
En el juego que empleábamos,
la pintura casi había saltado
de las piezas negras.
Se había perdido el rey blanco
y tenía que ser reemplazado.
Me dijeron pero no lo creí
que ese verano vería
hombres colgando de los postes del teléfono.
Recuerdo a mi madre
cegándome mucho.
Tenía una forma especial de meter mi cabeza
rápidamente bajo su abrigo.
En ajedrez, también, me dijo el profesor,
los maestros juegan a ciegas,
los mejores en varios tableros
a la vez.
Charles Simic, Prodigio
www.lamajadesnuda.com
Audio del poema
sábado, 26 de marzo de 2011
María Victoria Atencia - Ghetto
Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro
entre casas que quiebran su fachada en el agua.
Un gato mansamente se me enreda en las piernas
y me retiene inmóvil delante de Jahvé.
María Victoria Atencia, de Ex libris, Visor, 2003
sábado, 19 de marzo de 2011
Ingeborg Bachmann - Enigma
Para Hans Werner Henze del tiempo de los Ariosi
Ya no vendrá nada más.
Nunca más será primavera.
Los calendarios milenarios a cualquiera lo predicen.
Pero tampoco verano y más adelante lo que tiene nombres
tan buenos como "veraniego"–
No vendrá ya nada más.
No debes llorar,
dice una música.
Más
no
dice
nadie.
Für Hans Werner Henze aus der Zeit der Ariosi
Nichts mehr wird kommen.
Frühling wird nicht mehr werden.
Tausendjährige Kalender sagen es jedem voraus.
Aber auch Sommer und weiterhin, was so gute Namen
wie «sommerlich» hat–
es wird nichts mehr kommen.
Du sollst ja nicht weinen,
sagt eine Musik.
Sonst
sagt
niemand
etwas.
Ingeborg Bachmann, Últimos poemas, trad. Cecilia Dreymüller y Concha García, Hiperión
sábado, 12 de marzo de 2011
Elias Canetti - Libro de los muertos
Hormigas y muerte. La hormiga nada sabe de epidemias ni de todas nuestras enfermedades. No se nota cuando está muerta, tan fácilmente puede resucitar. A este respecto, Miss Field ha realizado experimentos bastante crueles pero concluyentes. De siete hormigas que había dejado durante ocho días bajo el agua, cuatro volvieron a la vida. A otras las hizo ayunar y no les dio sino un poquito de agua en una esponja esterilizada. Nueve ejemplares de Formica subsericea resistieron la prueba entre setenta y ciento seis días. Entre los numerosos ejemplares de laboratorio se dieron sólo tres casos de canibalismo, y los días 20, 35, 62 y 70 del ayuno, unas cuantas hormigas, medio muertas de hambre, lograron llevar una gota de miel a su compañeras, cuyo estado era a todas luces desesperado.
Las hormiga sólo son sensibles al frío. Si bien no mueren a causa de él: permanecen dormidas en un estado de inmovilidad gracias al cual ahorran energías y aguardan tranquilamente el regreso del sol.
Elias Canetti, Libro de los muertos, Galaxia Gutenberg
Vicente Aleixandre - No existe el hombre
Sólo la luna sospecha la verdad.
Y es que el hombre no existe.
La luna tantea por los llanos, atraviesa los ríos,
penetra por los bosques.
Modela las aún tibias montañas.
Encuentra el calor de las ciudades erguidas.
Fragua una sombra, mata una oscura esquina,
inunda de fulgurantes rosas
el misterio de las cuevas donde no huele a nada.
La luna pasa, sabe, canta, avanza y avanza sin descanso.
Un mar no es un lecho donde el cuerpo de un hombre puede tenderse a solas.
Un mar no es un sudario para una muerte lúcida.
La luna sigue, cala, ahonda, raya las profundas arenas.
Mueve fantástica los verdes rumores aplacados.
Un cadáver en pie un instante se mece,
duda, ya avanza, verde queda inmóvil.
La luna miente sus brazos rotos,
su imponente mirada donde unos peces anidan.
Enciende las ciudades hundidas donde todavía se puede oír
(qué dulces) las campanas vividas;
donde las ondas postreras aún repercuten sobre los pechos neutros,
sobre los pechos blandos que algún pulpo ha adorado.
Pero la luna es pura y seca siempre.
Sale de un mar que es una caja siempre,
que es un bloque con límites que nadie, nadie estrecha,
que no es una piedra sobre un monte irradiando.
Sale y persigue lo que fuera los huesos,
lo que fuera las venas de un hombre,
lo que fuera su sangre sonada, su melodiosa cárcel,
su cintura visible que a la vida divide,
o su cabeza ligera sobre un aire hacia oriente.
Pero el hombre no existe.
Nunca ha existido, nunca.
Pero el hombre no vive, como no vive el día.
Pero la luna inventa sus metales furiosos.
Vicente Aleixandre, Antología poética, Alianza Editorial
miércoles, 9 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
Osip Mandelstam
Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo.
Con tu amiga la mendiga
Gozas de la grandeza de las llanuras,
De la niebla, del frío y de la nevada.
Vive tranquilo y consolado
En la pobreza opulenta, en la miseria poderosa.
Son benditos los días y las noches
Y es inocente la fatiga dulce y sonora.
Infeliz aquel que, como su sombra,
Teme el ladrido y maldice al viento.
Y miserable aquel que, medio muerto,
Pide limosna a su propia sombra.
Osip Mandelstam, Cuadernos de Voronezh, trad. Jesús García Gabaldón, Igitur
viernes, 25 de febrero de 2011
Jesús Aguado - Los perros
Merodean las piras funerarias reflejando en sus ojos
el humo que los muertos, pero también nosotros, desprendemos.
La ceniza recoge sus huellas con amor
mientras ellos acechan la caída de un hueso.
Son músicos que saben distinguir el sonido de la madera que crepita
con un oído experto. Saborean
también el aire acre y beben de este río
sagrado pero turbio. Es hermoso
este modo que tienen de existir: luchando contra el lento
trabajo de la muerte, arrebatándole
una tibia, una mano, un hombro, una cabeza.
Se podría decir que matan a la muerte,
aunque muchos escupan a su paso
con el mismo desprecio con que escupen su vida y la de todos.
Jesús Aguado, Mendigo (Antología 1985-2007), Renacimiento
Georg Trakl - Sumisión a la noche
Mujer-monje –en tu negrura
enciérrame, monte frío–.
Alta cruz en la blancura
de estrellas. Sangra el rocío.
Se rompen mentira y boca
purpúreas en fría cama.
Risas. Áureo juego. Toca
triste muerte una campana.
Nube lunar. Cae despacio
del árbol fruto salvaje.
Negra tumba es el espacio,
sueño este peregrinaje.
Georg Trakl, Cantos de muerte, trad. Angélica Becker, Seix Barral
NACHTERGEBUNG
Möchin! schließ mich in dein Dunkel,
Ihr Gebirge kühl und blau!
Niederblutet dunkler Tau;
Kreuz ragt steil im Sterngefunkel.
Purpurn brachen Mund und Lüge
In verfallner Kammer hühl;
Scheint noch Lachen, golden Spiel,
Einer Glocke letzte Züge.
Mondeswolke! Schawärzlich fallen
Wilde Früchte nanchts vom Baum
Und zum Grabe wird der Raum
Und zum Traum dies Erdenwallen.
viernes, 18 de febrero de 2011
Hipómenes y Atalanta - Guido Reni

Francisco de Quevedo - Prólogo al endemoniado e infernal lector
Eres tan maldito que ni te obligué llamándote pió ni benévolo ni benigno lector en los demás discursos, para que no me persiguieses; y ya desengañado quiero hablar contigo claramente. Este discurso es el infierno. No me arguyas de maldiciente porque digo mal de los que hay en él, pues no es posible que haya dentro nadie que bueno sea. Si te parece largo, en tu mano está: toma el infierno que te bastare y calla. Si algo no te pareciere bien, o lo disimulas piadoso o lo enmiendas docto; que errar es de hombres, y el ser herrado, de bestia o esclavo. Si fuere oscuro, nunca el infierno fue claro; si triste y melancólico, yo no he prometido risa. Sólo te pido, lector, o te conjuro por todos los prólogos, que no tuerzas las razones ni ofendas con malicia mi buen celo. Pues lo primero guardo el decoro a las personas, y sólo reprendo los vicios, murmuro los descuidos y demasías de malos oficiales, sin tocar en la pureza de los oficios: y al fin si te agradare el discurso, tú te holgarás, y si no, poco importa, que a mí ni de ti ni de él se me da nada. Vale.
Francisco de Quevedo, Infierno, en Sueños y discursos, Unidad Editorial, 1999
sábado, 12 de febrero de 2011
Jaroslav Seifert - La columna de la peste
Nuestros dedos se deslizaban
como lo dedos sobre el papel de lija;
días, semanas, años, siglos,
y había épocas en que pasábamos llorando
largos años.
Hoy todavía camino alrededor de la columna
donde con tanta frecuencia esperé
y escuché, cómo murmura el agua
de las fauces apocalípticas,
sorprendido cada vez
por la amorosa coquetería del agua,
que estallaba en la superficie de la fuente
mientras caía la sombra de la columna en tu rostro.
Esta era la hora de la Rosa.
Jaroslav Seifert, versión de Clara Janés
http://amediavoz.com
sábado, 5 de febrero de 2011
W. S. Merwin - A la mano
Lo que el ojo ve es el sueño de ver
es al sueño de ver
a lo que despierta
y en el sueño
para cada candado real
sólo hay una auténtica llave
que está en el otro sueño
ahora invisible
es la llave de la única puerta real
abre a la vez el agua y el cielo
yace ahora en el fondo del río
en mi mano
mi verdadera mano
y a mi mano le digo
Gírala
abre el río
To the hand
What the eye sees is a dream of sight
what it wakes to
is a dream of sight
and in the dream
for every real lock
there is only one real key
and it's in some other dream
now invisible
it's the key to the one real door
in opens the water and the sky both at once
it's already in the downward river
with my hand on it
my real hand
and I am saying to the hand
turn
open the river
W. S. Merwin, Migración (Antología poética), selección y traducción de Abraham Gragera, Juan de Dios León y Ruth Miguel Franco, Editorial Pre-Textos
Acteón - Ovidio
¿Qué debía hacer? ¿Volver a casa, al palacio real o esconderse
en las selvas? La vergüenza impide lo uno, el miedo lo otro.
Mientras duda, le han visto los perros; Melampo y el ojeador
Icnóbates fueron los primeros en dar con sus ladridos
la señal, de Gnosos Icnóbates, de raza espartana Melampo.
En seguida se lanzan a la carrera otros más veloces que
el poderoso Nebrófono y el feroz Terón junto a Lélaps,
y Ptérelas, valioso para la carrera, y Agre para el rastreo,
y el fogoso Hileo, poco antes herido por un jabalí,
y Nape, hija de un lobo, y Pémenis, que antes perseguía
rebaños, y Harpía, acompañada de sus dos cachorros,
y Ladón de Sición con sus enjutos flancos,
y Drómade y Cánaque y Esticte y Tigre y Alce
y Leucón de pelo blanco y Asbolo de pelo negro,
y el muy vigoroso Lacón, y Aelo, infatigable en la carrera,
y Too y la veloz Licisca con su hermano Cirpio,
y Hárpalo, adornado en mitad de su negra frente
con un lucero, y Menaleo y Lacne, la de peludo cuerpo,
y, nacidos de padre cretense pero madre laconia,
Labro y Agriodonte, e Hiláctor de agudo ladrido, y otros
que sería prolijo mencionar. Tal jauría, ávida de presa,
por rocas y peñascos, por riscos inaccesibles, por donde
el camino es arduo y por donde no existe camino, le acosa.
Huy él por los parajes por donde muchas veces había dado caza,
huye -¡ay!- de sus propios monteros. Deseábales gritar:
"Soy yo, Acteón; reconoced a vuestro señor". (...)
Ovidio, Metamorfosis, trad. Antonio Ramírez de Verger y Fernando Navarro Antolín, Alianza Editorial
sábado, 29 de enero de 2011
Marianne Moore - ¡Ay, ser un dragón!
Si, como Salomón...,
yo pudiera cumplir mi deseo
-mi deseo... ¡ay, ser un dragón!,
símbolo del poder del cielo- del tamaño
del gusano de seda o inmenso; invisible a veces.
¡Extraordinario fenómeno!
If I, like Solomon,...
could have my wish-
my wish... O to be a dragon,
a symbol of the power of Heaven-of silkworm
size or immense; at times invisible.
Felicitous phenomenon!
Marianne Moore, Poesía completa, trad. Olivia de Miguel, Lumen
sábado, 22 de enero de 2011
Ouroboros - Juan Eduardo Cirlot

"Synosius" (1478)
Ouroboros
Este símbolo, que aparece principalmente entre los gnósticos, es un dragón o serpiente que se muerde la cola. En el sentido más general, simboliza el tiempo y la continuidad de la vida. En sus representaciones lleva por complemento una inscripción que dice: Hen to pan (el Uno, el Todo). Así aparece en el Codex Marcianus del siglo II después de Jesucristo. Ha sido interpretado también como la unión del principio ctónico de la serpiente y el principio celeste del pájaro (síntesis que puede aplicarse al dragón). (...)
Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Siruela
Friedrich Nietzsche - El peso más grande
¿Qué ocurriría si, un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: "Esta vida, como tú ahora la vives y la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo. ¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo"? ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esa forma? ¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: "Tú eres dios y jamás oí nada más divino"? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; ¡la pregunta sobre cualquier cosa!: "¿Quieres esto otra vez e innumerables veces más?" pesaría sobre tu obrar como el peso más grande! O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y la a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?"
Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia
sábado, 15 de enero de 2011
Ibn Sara As-Santarini - La espada
Es una lámina brillante
donde se encuentran los caminos de los astros
aunque sobre ella nadie,
desde que existe, ha caminado.
Purificó la paja su fulgor
y ahora es un agua
en cuya superficie arde la llama.
Ibn Sara As-Santarini, Poemas del fuego y otras casidas, trad. Teresa Garulo, Hiperión, 2001
sábado, 8 de enero de 2011
Yves Bonnefoy - Que este mundo permanezca
V
Que este mundo permanezca,
Que las palabras no sean
Un día estas osamentas
Grises, que habrán picoteado
Gritando, disputándoselas,
Dispersándose,
Los pájaros, nuestra noche
En la luz.
Que este mundo permanezca
Como cesa el tiempo
Cuando lavamos la herida
Del niño que llora,
Y cuando volvemos
A la habitación sombría
Vemos que duerme en paz,
Noche, pero luz.
Que ce monde demeure,
Que les mots ne soient pas
Un jour ces ossements
Gris, qu'auront becquetés,
Criant, se disputant,
Se dispersant,
Les oiseaux, notre nuit
Dans la lumière.
Que ce monde demeure
Comme cesse le temps
Quand on lave la plaie
De l'enfant qui pleure.
Et lorsque l'on revient
Dans la chambre sombre
On voit qu'il dort en paix,
Nuit, mais lumière.
Yves Bonnefoy, de Tarea de esperanza. Antología poética, trad. Arturo Carrera, Pre-textos, 2007
viernes, 31 de diciembre de 2010
Juan-Eduardo Cirlot - El libro de Cartago
Oh, Baal. ¿Quién soy yo? Soy un barquero que ha llegado de otra edad; que ha regresado de otras islas, que ha navegado sin creer en la realidad de la aniquilación de las costas patriarcales. He visto las puertas arruinadas, llenas de topacios; he visto los palacios calcinados y en mis ojos sus muertes sonreían como yo te sonrío a ti.
Juan-Eduardo Cirlot, El libro de Cartago, Igitur, 1998
domingo, 26 de diciembre de 2010
sábado, 25 de diciembre de 2010
Félix Francisco Casanova - Siempre supe que estoy condenado
Siempre supe que estoy condenado al infierno
irremisiblemente. Por ejemplo, cuando cruzo las
calles con medigos en cada esquina, les lanzo mis
monedas... Pero éstas vuelven a mí sin tocar sus
manos.
Félix Francisco Casanova, Cuarenta contra el agua, Demipage, 2010
domingo, 19 de diciembre de 2010
José María Álvarez - El impresor que vivía en la llamada Cuesta del Maestro Francés
Hecho de carnemomia
–Miguel de Cervantes–
Ahora ha enfocado su atención en las arañas y ha cazado varios ejemplares bastante grandes que ha encerrado en una caja. Las alimenta con moscas y el número de éstas está disminuyendo sensiblemente
–Abraham Stoker–
Me ha molestado usted, y, por desgracia, soy tan nervioso que necesito mucho tiempo para volver a orientarme
–Franz Kafka–
Dedicado
a
Ferdinand Joseph la Menthe
Conocido por toda Cartagena,
el impresor Matías bajaba diariamente
su calle, saludando,
abrochándose a veces la bragueta,
hasta el viejo café donde tomaba
su escueto desayuno con anís.
El impresor Matías trabajaba
solo. Su buen hijo
en un principio hijo con guardapolvos,
ya no viene al taller, casóse, vive
en Barcelona, y nunca escribe.
El impresor Matías ha olvidado
toda la historia. Bebe, paga
su copa. Y después marcha
como el rey de los cuentos, al trabajo,
derecho y muy peinado, quiero decir
con fijador sus cuatro pelos.
Hemos de remontarnos al Cantón.
José María Álvarez, Museo de Cera, Visor, 1993
sábado, 18 de diciembre de 2010
Julio Martínez Mesanza - Nunca he visto gozosa a la discordia
Nunca he visto gozosa a la discordia.
No conozco el olor que tiene el campo
después de la batalla. Nunca he visto
caballos sin jinete entre las picas
vagar y entre los muertos. No conozco
la voluntad de ser invulnerable
ni el estupor que nace con la herida.
Julio Martínez Mesanza, de Europa, Renacimiento, 1986
sábado, 11 de diciembre de 2010
Tomas Tranströmer - De marzo del 79
CANSADO de todos los que llegan con palabras. palabras,
pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.
Tomas Tranströmer, de La plaza salvaje, El cielo a medio hacer, trad. Roberto Mascaró, Nórdica Libros, 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
Sueño de Polífilo

Si deseas, lector, conocer brevemente lo que se contiene en esta obra, sabe que Polífilo cuenta en ella que vio en sueños cosas admirables y que la llama, con vocablo griego, lucha de amor en sueños. En ella finge que ha visto muchas cosas propias de la Antigüedad y dignas de memoria. Y describe punto por punto, con palabras apropiadas y estilo elegante, todo lo que dice haber visto: pirámides, obeliscos, enormes ruinas de edificios, las distintas clases de columnas, su medida, los capitales, basas, epístilos o arquitrabes rectos, arquitrabes curvos, zóforos o frisos y cornisas con sus ornamentos. Un gran caballo, un elefante tremendo, un coloso, una puerta magnífica con sus medidas y sus ornamentos, un espanto, los cinco sentidos en cinco ninfas, un baño egregio, fuentes, el palacio de la reina que es el libre albedrío, un banquete regio y superexcelente; la diversidad de joyas o piedras preciosas y su naturaleza; un juego de ajedrez a modo de baile con tres medidas de sonido. Tres jardines: uno de vidrio, uno de seda, uno en forma de laberinto, que es la vida humana. Un peristilo de ladrillo, en cuyo centro estaba representada la Trinidad en figuras jeroglíficas, es decir, sagrados relieves egipcios. Las tres puertas y en cuál de ellas se quedó, y cómo estaba vestida Polia y cuál era su talante. (...)
Francesco Colonna, Sueño de Polífilo, ed. Pilar Pedraza, Barcelona, Acantilado, 2008
sábado, 4 de diciembre de 2010
Omar Pimienta - Insomnio
Pago todos esos días de pañales
despertar para comer
volver al sueño en aquellos brazos tibios
Las burguesas tardes con siesta al sol calentándome
el viento a la ventana las ganas perdidas
los remiendos del tedio
Pago todas aquellas noches en que me quedé dormido a tu costado
sobre tu vientre sin esperarte
en esta vigilia de cobijas abrasivas
caminatas tartamudeos de ojos
pago todos los velorios de los que me fui temprano
Omar Pimienta, de Naufragio en Altanoche, en www.omarpimienta.com
sábado, 27 de noviembre de 2010
Lu Ji - Wen fu - Prosopoema del arte de la escritura
I. DISPOSICIONES PREVIAS
Ponte de pie en el único centro, y contempla
la secreta oscuridad. Nutre tu corazón,
tu voluntad, con las grandes obras del pasado.
Sigue el fluir de las estaciones y suspira
por la prisa del tiempo. Celebra las cosas
del mundo, y penetra en su variedad, en
su profusión.
Laméntate de la caída de las hojas en
el profundo otoño. Alégrate del renacer
de las ramas tiernas en la fragante
primavera.
Y temblará solemne tu corazón como
si tuvieras escarcha en el pecho. Y tu anhelo
se perderá en la lejanía como si
horadara las nubes.
Alaba la herencia esplendorosa: el legado
de virtud de tus predecesores. Evoca
el suave y cierto aroma del pasado.
Piérdete en la literatura, en su bosque
y su tesoro. Admira las frases más bellas
y su engranaje perfecto.
Y una vez conmovido, turbado, aparta
los libros, y empuja tu instrumento: la
pluma, el pincel. Conviértete entonces,
a ti mismo, y por fin, en palabras.
Lu Ji, Wen fu (Prosopoema del arte de la escritura), ed. Pilar González España, Cátedra
Antonella Anedda - ¿El miedo nos hace más fuertes?
Somos mortales mortalmente asustados
temblamos como zorros y perros
convirtiéndonos en la jauría de nosotros mismos.
Basta un sueño inoportuno
y la luz erosiona donde no hay refugio.
Nos desbandamos entre los objetos esperando que sean reales.
Cerramos los ojos con fuerza tratando de dormir en pleno día
diciendo: aquí, y pensando allá
ofreciendo sacrificios mientras movemos muebles
y cortamos con las tijeras los geranios.
De noche estiramos las mesas para los invitados
y desde la madera comenzamos a marchitarnos.
Colocamos con cuidado las servilletas y del lino se elevan demonios.
Girando la cabeza aquí, pensamos: allá
como de verdad sucede a cada persecución
Abrimos ventanas con la excusa del humo. El viento huele a basura
pero es una tregua. El mismo viento en su belleza es una ruina.
La sabiduría nos confunde como la cera.
Nos cuesta respirar
Permanecemos inmóviles
la sangre estalla entre la nuca y la espalda
nos volvemos serpientes
nos limpiamos entrelazándonos.
Traducción: Beatriz Castellary y Maria Grazia Calandrone
La paura ci rende più forti?
Siamo mortali mortalmente spaventati
tremiamo come volpi e cani
diventando la muta di noi stessi.
Basta un sogno sbagliato
e la luce rode dove non c’e’ riparo.
Sbandiamo tra gli oggetti sperando siano veri.
Stringiamo gli occhi provando a dormire in pieno giorno
dicendo: qui, e pensando là
offrendo sacrifici mentre spostiamo mobili
e tronchiamo con le forbici i gerani.
La sera allunghiamo i tavoli per gli ospiti
e dal legno cominciamo ad appassire.
Posiamo con cura i tovaglioli e dal lino si sollevano demoni.
Voltando la testa qui, pensiamo: là
come succede davvero a ogni inseguito.
Spalanchiamo finestre con la scusa del fumo. Il vento sa d’immondizia
ma è una tregua. Lo stesso vento nella bellezza è una rovina.
La saggezza ci confonde come cera.
Stentiamo a respirare.
Restiamo immobili
il sangue scatta tra la nuca e la schiena
torniamo serpi
ci puliamo intrecciandoci.
Antonella Anedda, en http://www.bibliotecaignoria.blogspot.com/
sábado, 20 de noviembre de 2010
El diccionario del Diablo - Ambrose Bierce
IDIOTA, adj. U.T.c.s. Personaje que penetra en el dominio de la especulación intelectual y se difunde por los canales de la actividad moral. Es omnífero, omnímodo, omnipotente, omnisciente. Es el que inventó el alfabeto, la imprenta, el ferrocarril, el vapor, el teléfono, y toda la extensión y círculo de las ciencias. Creó el patriotismo y enseñó a las naciones a hacer la guerra; es el fundador de la teología, la filosofía, la ley, la medicina y Chicago. Estableció los gobiernos republicanos y monárquicos. Vive de eternidad en eternidad, y todo lo que la creación abarcó es ahora el territorio de sus idioteces. Cantó sobre las colinas primitivas en la alborada de los tiempos, y en el mediodía de la existencia encabezó la procesión de los seres. Su mano de abuela está cálidamente abrigada en el crepúsculo de la civilización, y en la penumbra prepara la comida nocturna del hombre, la moralina-con-leche, y le tiende la cama del sepulcro universal. Y cuando todos los demás se hayan retirado para pasar la noche del olvido eterno, él todavía seguirá despierto, escribiendo la historia de la civilización humana.
Ambrose Bierce, El diccionario del diablo, trad. Eduardo Stilman, Valdemar
domingo, 14 de noviembre de 2010
Luis García Berlanga - El verdugo
Luis García Berlanga, El verdugo(1963)
Harry Martinson - El juego
Cuando quieras creer que
navegas fácilmente contra la corriente,
sube corriendo al puente una noche de luna.
El puente de piedra zarpa inmediatamente contra la vieja corriente de plata.
Nunca tienes tiempo de llegar, pero en la vida mucho
tiene que ser juego para poder vivir.
Harry Martinson, de Passad, Poesía nórdica, Antología de Francisco J. Uriz, Ediciones de la Torre
sábado, 13 de noviembre de 2010
domingo, 7 de noviembre de 2010
sábado, 6 de noviembre de 2010
Félix de Azúa - Autobiografía sin vida
Lo que es indudable es que en algún momento los humanos necesitaron (¿necesitamos?, ¿seguimos siendo humanos como ellos o hemos dejado ya atrás aquella tan particularmente frágil condición?), y por lo tanto produjeron imágenes. ¿Por qué en aquel momento y no diez mil años antes? ¿Con qué finalidad? Ninguna hipótesis hasta ahora resiste el análisis. Sólo podemos aventurar que que las imágenes nacieron (y nacieron perfectas) cuando los humanos sintieron la irresistible necesidad de ver hacia fuera, de manera que se convirtieron en "el punto de vista", el lugar orográfico desde donde "se ve". Creo inseparable la súbita presencia de imágenes y la distinción entre "lo de dentro" y "lo de fuera". De un solo golpe, los humanos se separaron del mundo e hicieron del mundo un espectáculo que ellos contemplaban desde la butaca de sus ojos. Nuestros abuelos decidieron ser el ojo del cosmos y la visión quedó para siempre separada de todo cuanto podamos ver.
Félix de Azúa, de Autobiografía sin vida, Mondadori, 2010







