sábado, 9 de julio de 2011
Feria rural - Charles Simic
A Hayden Carruth
No os lamentéis por haberos perdido
al perro de seis patas. Nosotros lo hemos visto
y se pasa casi todo el tiempo tirado en el suelo.
En cuanto a lo de sus patas de más,
te acostumbras en seguida
y acabas pensando en otras cosas,
tipo qué noche tan fría y siniestra
para venir a la feria.
Su amo arrojó un palo a lo lejos
y el perrro salió corriendo tras él.
Corría con cuatro patas y las otras dos le colgaban,
y una chica se reía muchísimo de eso.
Estaba borracha, y también lo estaba el hombrre
que le besaba el cuello sin parar.
El perro volvió con el palo y se quedó mirándonos.
Y ese era todo el espectáculo.
for Hayden Carruth
If you didn't see the six-legged dog,
It doesn't matter.
We did and he mostly lay in the corner.
As for the extra legs,
One got used to them quickly
And thought of other things.
Like, what a cold, dark night
To be out at the fair.
Then the keeper threw a stick
And the dog went after it
On four legs, the other two flapping behind,
Wich made one girl shriek with laughter.
She was drunk and so was the man
Who kept kissing her neck.
The dog got the stick and looked back at us.
And that was the whole show.
Charles Simic, La voz a las tres de la madrugada, trad. Martín López-Vega, DVD Ediciones, 2009
sábado, 2 de julio de 2011
Moby Dick - La matanza de los tiburones
Pero en la espumosa confusión de los adversarios que se debatían mezclados, los tiradores no siempre daban en el blanco: esto reveló otro aspecto de la increíble voracidad del enemigo. Los tiburones no sólo se mordían ferozmente las vísceras colgantes unos a otros, sino que se doblaban como arcos flexibles y se mordían a sí mismos, de modo que al fin esas entrañas parecían tragadas una y otra vez por la misma boca para ser arrojadas por la herida abierta en el lado opuesto. Y esto no era todo. Era peligroso mezclarse con los cadáveres y los espectros de esos seres. En sus huesos y articulaciones parecía esconderse una especie de vitalidad genérica o panteísta, aun después de extinguirse lo que podríamos llamar la vida individual. Muerto e izado a bordo para quitarle la piel, uno de esos tiburones estuvo a punto de arrancar una mano al pobre Queequeg, cuando éste trató de bajar el belfo muerto sobre la quijada asesina.
Herman Melville, Moby Dick, Mondadori, 2003
sábado, 25 de junio de 2011
Stefan George - La palabra
Milagro de lejos o ensueño
Traje a mi país hasta el extremo
Y aguardé a que la gris norma
El nombre encontrara en su poza -
Pude asirla luego firme y fuerte
Brilla ahora en la marca y florece ...
Otrora arribé tras buena travesía
Con una alhaja delicada y rica
Buscó largo y me dio consejo:
"Aquí nada duerme en hondo suelo"
Y escapó a mi mano la palabra
Y jamás el tesoro ganó mi patria ...
Aprendí la renuncia con tristeza:
Nada hay donde la palabra quiebra.
Stefan George, Nada hay donde la palabra quiebra, trad. Carmen Gómez García, Trotta, 2011
sábado, 18 de junio de 2011
Los observadores - W. H. Auden
Acodado en el alféizar me asomo a ver la noche:
El rostro amarillento del reloj de la iglesia, la luz verde del muelle
llameando en honor de otro año imprudente;
Zumba el silencio en mis oídos;
Se apagaron las luces de familias vecinas.
Bajo la oscuridad todo parece inmóvil;
La gran lila, lo mismo que una conspiradora,
Se hace la muerta sobre el césped,
Y arriba, junto al asta de bandera, la Osa Mayor
Cuelga como un portento sobre Helensburgh.
Oh Señores del Límite, que trabajáis con luz y oscuridad
Disponiendo un tabú entre diestra y siniestra,
Los tranquilos gemelos influyentes
De los que emana toda la propiedad,
Miradnos esta noche con indulgencia.
Nadie os ha visto: nadie puede decir, "Hace muy poco...
Aquí. Mire estas huellas... Andan cerca, al acecho",
Pero en mis pensamientos, esta noche,
Me parecéis figuras que vi una vez en sueños,
Los robustos guardianes de una finca rural.
Los fusiles al hombro, con la lluvia o el cielo claro,
Apostados en puertas o altozanos,
Junto a puentes y sotos os sabemos ahí:
Vuestra insomne presencia con su eterna amenaza
Nos invita a apreciar la paz de que gozamos.
No miréis muy cerca, no seáis muy veloces;
Nadie os ha invitado, pero estamos enfermos,
Usando los ardides del topo, las maneras
Del pavo o el sombrío coraje de la rata,
Y sólo con un truco sabremos despistaros.
La órbita del año se adentra en el verano.
Qué importa si el hambriento visionario
Ha visto el carnaval dentro de vuestras verjas,
Vuestros cuerpos pisoteados por las calles...
Aún vuestro poder nos hace falta: empleadlo, que nadie
Abandone la mesa llevado de un impulso,
Lanzándose de pronto, insensible ante el daño,
Con peligro en un cuarto o girando salvaje-
-mente sobre los campos igual que una peonza,
Barriendo y abatiendo por entre el día insomne.
The Watchers
Now from my window-sill I watch the night,
The church clock's yellow face, the green pier light
Burn for a new imprudent year;
The silence buzzes in my ear;
The lights of near-by families are out.
Under the darness nothing seems to stir;
The lilac bush like a conspirator
Shams dead upon the lawn, and there
Above the flagstaff the Great Bear
Hangs as a portent over Helensburgh.
O Lords of Limit, training dark and light
And setting a tabu 'twixt left an right,
The influential quiet twins
From whom all property begins,
Look leniently upon us all to-night.
No one has seen you: none cay say, "Of late–
Here. Yo can see the marks –The lay in wait,"
But in my thoughts to-night you seem
Forms wich I saw once in a dream,
The stocky keepers of a wild estate.
With guns beneath your armas, in sun and wet,
At doorways posted or on ridges set,
By copse or bridge we know you there
Whose sleepless presences endear
Our peace to us with a perpetual threat.
Look not too closely, be not over-quick;
We habe no invitation, but we are sick,
Using the mole's device, the carriage
Of peacock or rat's desperate courage,
And we shall only pass you by a trick.
Deeper towards the summer the year moves on.
What if the starving visionary have seen
The carnival within our gates,
Your bodies kicked about the streets,
We need your power still: use it, that none,
O, from their tables break uncontrollably away,
Lunging, insensible to injury,
Dangerous in a room or out wild-
-ly spinning like a top in the field,
Mopping and mowing through the sleepless day.
W. H. Auden, de Los señores del límite, trad. Jordi Doce, Galaxia Gutenberg, 2007
sábado, 11 de junio de 2011
Andrés Sánchez Robayna - Chillida Leku, 2002
Ïbamos, en la tarde,
bajo las nubes grises.
(Tú tocabas el límite.)
Íbamos en silencio
contemplando las piedras
alzadas de la tierra.
El húmedo rumor.
(Se escuchaba el magnolio
suave en el aire solo.)
En el lugar vacío,
rompiendo el aire, dije:
Dime, señor del límite.
Andrés Sánchez Robayana, La sombra y la apariencia, Tusquets Editores, 2010
sábado, 4 de junio de 2011
sábado, 28 de mayo de 2011
Gregory Corso - Mis manos son una ciudad
Mis manos son una ciudad, una lira
Y mis manos están ardiendo
Y mi madre toca Corelli
mientras mis manos arden.
My hands are a city, a lyre
And my hands are afire
And my mother plays Corelli
while my hands burn
Gregory Corso, en Gasolina y otros poemas, trad. Diego A. Manrique, Producciones Editoriales, 1980
sábado, 21 de mayo de 2011
Juan Gelman - ¿A quién?
Estoy de pie en el día que arde y
veo tu rostro al fondo.
¿A quién amás ahora que amaste?
A veces
volvés en una foto angosta
y repaso cómo soñabas
en los fierros de la compasión.
No sé llegar a la isla
del tamaño de tus cenizas.
La muerte sin avisar no tiene
la protección que
se hace con las lágrimas.
Cruza la noche y
apaga rostros.
Juan Gelman, País que fue será, Visor, 2004
lunes, 9 de mayo de 2011
Antonin Artaud - Il n'est plus possible que le miracle n'éclate pas
No es posible que al fin el milagro no estalle
He sido demasiado castigado
Me he atormentado demasiado en el mundo
He trabajado demasiado para ser puro y fuerte
He perseguido demasiado al mal
He buscado demasiado tener un cuerpo limpio
Il n'est plus possible que le miracle n'eclate pas.
J'ai été trop supplicié.
Je me suis trop ennuyé au monde.
J'ai trop travaillé à être pur et fort.
J'ai trop pourchassé le mal.
J'ai trop cherché à avoir un corps prope
Antonin Artaud
sábado, 7 de mayo de 2011
Antonella Anedda
Yo conozco el envés de los metales
la frente que aprieta las monedas
para dañar el dolor. Ahora
no sirve ya ningún giro.
Ininterrumpida la ceniza queda
en las muñecas deja intacta las espinas
las seis bayas invernales.
Donde yo no llego es quietud
la hierba que adensa su sien rayada.
Abajo todo sigue
en el suelo recomienza
la caza nocturna
el estallido de los pájaros
su cabeza partida, el espejo movido deprisa.
La captura.
Io conosco il rovescio dei metalli
la fronte che preme le monete
per colpire il dolore. Ora
non serve più nessun giro.
Ininterrotta la cenere resta
sui polsi lascia intatte le spine
le seis bacche invernali.
Dove io non arrivo è quiete
l'erba che addensa la sua tempia rigata.
In basso tutto continua
sul pavimento ricomincia
la caccia notturna
lo schianto degli uccelli
la loro testa divisa lo specchio mosso in fretta.
La cattura.
Antonella Anedda, de Residencias invernales, trad. Emilio Coco, Igitur, 2005
Ambrose Bierce - El Diccionario del Diablo
HADA, s. Criatura diversamente conformada y dotada, que habitaba antiguamente en praderas y bosques. Era nocturnal en sus costumbres y algo aficionada a la danza y al robo de niños. Actualmente, los naturalistas las consideran extinguidas a las hadas, aunque un clérigo de la Iglesia Anglicana vio tres cerca de Colchester en 1855, mientras atravesaba un parque, después de cenar con el señor del castillo. La visión le sorprendió mucho, y lo dejó tan alterado que su narración de la historia era incoherente. En el año 1807, un grupo de hadas visitó un bosque cercano a Aix y se llevó a la hija de un campesino, a la que se había visto internarse en el bosque con un hato de ropas. El hijo de un adinerado bourgeois desapareció hacia la misma época, pero regresó después: había presenciado el secuestro y persiguió a las hadas. Justian Gaux, un escritor del siglo XIV, asegura que el poder de transformación de las hadas es tan grande que él pudo ver cómo una de ellas se convertía en dos ejércitos enemigos que libraban una sangrienta batalla; al día siguiente, cuando el hada reasumió su forma original y desapareción, quedaron en el campo setecientos cadáveres que los aldeanos tuvieron que enterrar. Gaux no informa si alguno de los heridos se recuperó. En tiempos de Enrique III de Inglaterra, se decretó por ley la pena de muerte para quien "matare, hiriere o estropeare" a un hada; la ley fue universalmente respetada.
PERRO, s. Especie de Deidad adicional o subsidiaria, destinada a recibir los excedentes y sobrantes de la religiosidad del mundo. Este Ser Divino, en algunas de sus encarnaciones más diminutas y lanudas, ocupa en el amor de la Mujer un lugar al que ningún macho humano podrá aspirar. El perro es una supervivencia, un anacronismo: no trabaja ni hila, pero consigue lo que no consiguió ni Salomón, en toda su gloria: yace el día entero sobre una estera, tostándose al sol y engordando, mientras su amo se afana para obtener con qué pagar un lánguido meneo de su cola salomónica, sazonado con una mirada de tolerante reconocimiento.
Ambrose Bierce, El Diccionario del Diablo, trad. Eduardo Stilman, Valdemar, 2004
sábado, 30 de abril de 2011
Clara Janés - Variables ocultas
Un caballo de hielo duerme bajo la niebla
J. E. Cirlot
Todo son escombros, tierra revuelta, árboles desnudos,
niebla, pero florece el almendro.
En la niebla interior: aridez, espinas, abandono...
Y ese caballo de hielo que duerme.
Clara Janés, de Variables ocultas, Vaso Roto, 2010
viernes, 22 de abril de 2011
Charles Simic
La ciudad había caído. Acabamos en la ventana de una casa
llevada por un loco. La puesta de sol brillaba sobre
algunas máquinas de desperdicio abandonadas. "Recuerdo",
dijo alguien, "cómo en los viejos tiempos uno podía convertir
a un lobo en un hombre y luego hablar de ello tanto como quisiera".
Charles Simic, de El mundo no se acaba y otros poemas, trad. Mario Lucarda, DVD ediciones
sábado, 16 de abril de 2011
Li Qingzhao - Neblina fina
Melancolía infinita.
Han terminado los inciensos
en los trípodes esculpidos
de animalitos dorados.
Ha llegado la Fiesta
del Nueve de Septiembre.
De noche, el frío atraviesa
las cortinas y penetra en la estera
y la almohada de jade.
A la caída de la tarde,
bebo sola en el jardín.
La fragancia llena mi vestimenta.
Cuando sopla el duro viento
y alza la cortina de mi ventana,
verán que estoy más delgada
que un mustio pétalo de crisantemo.
Li Qingzhao, en Poesía clásica china, edición de Guojian Chen, Cátedra
sábado, 9 de abril de 2011
El descenso - William Carlos Williams
El descenso nos llama
como nos llamaba el ascenso.
La memoria es una especie
de consumación,
una suerte de renovación,
incluso
de inicio, pues los espacios que abre son lugares nuevos
habitados por hordas
de especies
hasta entonces impensadas;
y sus movimientos
se orientan hacia nuevos objetivos
(aun cuando antes hayan sido abandonados).
Ninguna derrota es enteramente una derrota, pues
el mundo que abre es siempre un sitio
hasta entonces
insospechado. Un
mundo perdido,
un mundo insospechado,
abre paso a nuevos lugares
y no hay blancura (perdida) tan blanca como el recuerdo
de la blancura .
Con el atardecer, el amor despierta
aunque sus sombras
-que dependen
de la luz del sol-
se adormecen y se apartan
del deseo .
Despierta así un amor
sin sombras
que ha de crecer
con la noche.
Surgido de la desesperación,
inconcluso,
el descenso
despierta aun nuevo mundo
que es el reverso
de la desesperación.
Para lo que no podemos lograr, lo que
se niega al amor,
lo que perdimos por anticiparnos,
se abre un descenso
sin fin, e indestructible .
The Descent
The descent beckons
as the ascent beckoned.
Memory is a kind
of accomplishment,
a sort of renewal
even
an initiation, since the spaces it opens are new places
inhabited by hordes
heretofore unrealized,
of new kinds-
since their movements
are toward new objectives
(even though formerly they were abandoned).
No defeat is made up entirely of defeat-since
the world it opens is always a place
formerly
unsuspected. A
world lost,
a world unsuspected,
beckons to new places
and no whiteness (lost) is so white as the memory
of whiteness .
With evening, love wakens
though its shadows
which are alive by reason
of the sun shining-
grow sleepy now and drop away
from desire .
Love without shadows stirs now
beginning to awaken
as night
advances.
The descent
made up of despairs
and without accomplishment
realizes a new awakening:
of despair.
For what we cannot accomplish, what
is denied to love,
what we have lost in the anticipation-
a descent follows,
endless and indestructible .
William Carlos Williams, La música del desierto, trad. Juan Antonio Montiel, Lumen
sábado, 2 de abril de 2011
Charles Simic - Prodigio
Crecí doblado
sobre un tablero de ajedrez.
Amaba la palabra final.
Todos mis primos parecían preocupados.
Era una casa pequeña
cercana a un cementerio romano.
Aviones y tanques
sacudían los vidrios de sus ventanas.
Un profesor de astronomía jubilado
me enseñó a jugar.
Debe haber sido en 1944.
En el juego que empleábamos,
la pintura casi había saltado
de las piezas negras.
Se había perdido el rey blanco
y tenía que ser reemplazado.
Me dijeron pero no lo creí
que ese verano vería
hombres colgando de los postes del teléfono.
Recuerdo a mi madre
cegándome mucho.
Tenía una forma especial de meter mi cabeza
rápidamente bajo su abrigo.
En ajedrez, también, me dijo el profesor,
los maestros juegan a ciegas,
los mejores en varios tableros
a la vez.
Charles Simic, Prodigio
www.lamajadesnuda.com
Audio del poema
sábado, 26 de marzo de 2011
María Victoria Atencia - Ghetto
Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro
entre casas que quiebran su fachada en el agua.
Un gato mansamente se me enreda en las piernas
y me retiene inmóvil delante de Jahvé.
María Victoria Atencia, de Ex libris, Visor, 2003
sábado, 19 de marzo de 2011
Ingeborg Bachmann - Enigma
Para Hans Werner Henze del tiempo de los Ariosi
Ya no vendrá nada más.
Nunca más será primavera.
Los calendarios milenarios a cualquiera lo predicen.
Pero tampoco verano y más adelante lo que tiene nombres
tan buenos como "veraniego"–
No vendrá ya nada más.
No debes llorar,
dice una música.
Más
no
dice
nadie.
Für Hans Werner Henze aus der Zeit der Ariosi
Nichts mehr wird kommen.
Frühling wird nicht mehr werden.
Tausendjährige Kalender sagen es jedem voraus.
Aber auch Sommer und weiterhin, was so gute Namen
wie «sommerlich» hat–
es wird nichts mehr kommen.
Du sollst ja nicht weinen,
sagt eine Musik.
Sonst
sagt
niemand
etwas.
Ingeborg Bachmann, Últimos poemas, trad. Cecilia Dreymüller y Concha García, Hiperión
sábado, 12 de marzo de 2011
Elias Canetti - Libro de los muertos
Hormigas y muerte. La hormiga nada sabe de epidemias ni de todas nuestras enfermedades. No se nota cuando está muerta, tan fácilmente puede resucitar. A este respecto, Miss Field ha realizado experimentos bastante crueles pero concluyentes. De siete hormigas que había dejado durante ocho días bajo el agua, cuatro volvieron a la vida. A otras las hizo ayunar y no les dio sino un poquito de agua en una esponja esterilizada. Nueve ejemplares de Formica subsericea resistieron la prueba entre setenta y ciento seis días. Entre los numerosos ejemplares de laboratorio se dieron sólo tres casos de canibalismo, y los días 20, 35, 62 y 70 del ayuno, unas cuantas hormigas, medio muertas de hambre, lograron llevar una gota de miel a su compañeras, cuyo estado era a todas luces desesperado.
Las hormiga sólo son sensibles al frío. Si bien no mueren a causa de él: permanecen dormidas en un estado de inmovilidad gracias al cual ahorran energías y aguardan tranquilamente el regreso del sol.
Elias Canetti, Libro de los muertos, Galaxia Gutenberg
Vicente Aleixandre - No existe el hombre
Sólo la luna sospecha la verdad.
Y es que el hombre no existe.
La luna tantea por los llanos, atraviesa los ríos,
penetra por los bosques.
Modela las aún tibias montañas.
Encuentra el calor de las ciudades erguidas.
Fragua una sombra, mata una oscura esquina,
inunda de fulgurantes rosas
el misterio de las cuevas donde no huele a nada.
La luna pasa, sabe, canta, avanza y avanza sin descanso.
Un mar no es un lecho donde el cuerpo de un hombre puede tenderse a solas.
Un mar no es un sudario para una muerte lúcida.
La luna sigue, cala, ahonda, raya las profundas arenas.
Mueve fantástica los verdes rumores aplacados.
Un cadáver en pie un instante se mece,
duda, ya avanza, verde queda inmóvil.
La luna miente sus brazos rotos,
su imponente mirada donde unos peces anidan.
Enciende las ciudades hundidas donde todavía se puede oír
(qué dulces) las campanas vividas;
donde las ondas postreras aún repercuten sobre los pechos neutros,
sobre los pechos blandos que algún pulpo ha adorado.
Pero la luna es pura y seca siempre.
Sale de un mar que es una caja siempre,
que es un bloque con límites que nadie, nadie estrecha,
que no es una piedra sobre un monte irradiando.
Sale y persigue lo que fuera los huesos,
lo que fuera las venas de un hombre,
lo que fuera su sangre sonada, su melodiosa cárcel,
su cintura visible que a la vida divide,
o su cabeza ligera sobre un aire hacia oriente.
Pero el hombre no existe.
Nunca ha existido, nunca.
Pero el hombre no vive, como no vive el día.
Pero la luna inventa sus metales furiosos.
Vicente Aleixandre, Antología poética, Alianza Editorial
miércoles, 9 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
Osip Mandelstam
Todavía no estás muerto. Todavía no estás solo.
Con tu amiga la mendiga
Gozas de la grandeza de las llanuras,
De la niebla, del frío y de la nevada.
Vive tranquilo y consolado
En la pobreza opulenta, en la miseria poderosa.
Son benditos los días y las noches
Y es inocente la fatiga dulce y sonora.
Infeliz aquel que, como su sombra,
Teme el ladrido y maldice al viento.
Y miserable aquel que, medio muerto,
Pide limosna a su propia sombra.
Osip Mandelstam, Cuadernos de Voronezh, trad. Jesús García Gabaldón, Igitur
viernes, 25 de febrero de 2011
Jesús Aguado - Los perros
Merodean las piras funerarias reflejando en sus ojos
el humo que los muertos, pero también nosotros, desprendemos.
La ceniza recoge sus huellas con amor
mientras ellos acechan la caída de un hueso.
Son músicos que saben distinguir el sonido de la madera que crepita
con un oído experto. Saborean
también el aire acre y beben de este río
sagrado pero turbio. Es hermoso
este modo que tienen de existir: luchando contra el lento
trabajo de la muerte, arrebatándole
una tibia, una mano, un hombro, una cabeza.
Se podría decir que matan a la muerte,
aunque muchos escupan a su paso
con el mismo desprecio con que escupen su vida y la de todos.
Jesús Aguado, Mendigo (Antología 1985-2007), Renacimiento
Georg Trakl - Sumisión a la noche
Mujer-monje –en tu negrura
enciérrame, monte frío–.
Alta cruz en la blancura
de estrellas. Sangra el rocío.
Se rompen mentira y boca
purpúreas en fría cama.
Risas. Áureo juego. Toca
triste muerte una campana.
Nube lunar. Cae despacio
del árbol fruto salvaje.
Negra tumba es el espacio,
sueño este peregrinaje.
Georg Trakl, Cantos de muerte, trad. Angélica Becker, Seix Barral
NACHTERGEBUNG
Möchin! schließ mich in dein Dunkel,
Ihr Gebirge kühl und blau!
Niederblutet dunkler Tau;
Kreuz ragt steil im Sterngefunkel.
Purpurn brachen Mund und Lüge
In verfallner Kammer hühl;
Scheint noch Lachen, golden Spiel,
Einer Glocke letzte Züge.
Mondeswolke! Schawärzlich fallen
Wilde Früchte nanchts vom Baum
Und zum Grabe wird der Raum
Und zum Traum dies Erdenwallen.
viernes, 18 de febrero de 2011
Hipómenes y Atalanta - Guido Reni

Francisco de Quevedo - Prólogo al endemoniado e infernal lector
Eres tan maldito que ni te obligué llamándote pió ni benévolo ni benigno lector en los demás discursos, para que no me persiguieses; y ya desengañado quiero hablar contigo claramente. Este discurso es el infierno. No me arguyas de maldiciente porque digo mal de los que hay en él, pues no es posible que haya dentro nadie que bueno sea. Si te parece largo, en tu mano está: toma el infierno que te bastare y calla. Si algo no te pareciere bien, o lo disimulas piadoso o lo enmiendas docto; que errar es de hombres, y el ser herrado, de bestia o esclavo. Si fuere oscuro, nunca el infierno fue claro; si triste y melancólico, yo no he prometido risa. Sólo te pido, lector, o te conjuro por todos los prólogos, que no tuerzas las razones ni ofendas con malicia mi buen celo. Pues lo primero guardo el decoro a las personas, y sólo reprendo los vicios, murmuro los descuidos y demasías de malos oficiales, sin tocar en la pureza de los oficios: y al fin si te agradare el discurso, tú te holgarás, y si no, poco importa, que a mí ni de ti ni de él se me da nada. Vale.
Francisco de Quevedo, Infierno, en Sueños y discursos, Unidad Editorial, 1999
sábado, 12 de febrero de 2011
Jaroslav Seifert - La columna de la peste
Nuestros dedos se deslizaban
como lo dedos sobre el papel de lija;
días, semanas, años, siglos,
y había épocas en que pasábamos llorando
largos años.
Hoy todavía camino alrededor de la columna
donde con tanta frecuencia esperé
y escuché, cómo murmura el agua
de las fauces apocalípticas,
sorprendido cada vez
por la amorosa coquetería del agua,
que estallaba en la superficie de la fuente
mientras caía la sombra de la columna en tu rostro.
Esta era la hora de la Rosa.
Jaroslav Seifert, versión de Clara Janés
http://amediavoz.com
sábado, 5 de febrero de 2011
W. S. Merwin - A la mano
Lo que el ojo ve es el sueño de ver
es al sueño de ver
a lo que despierta
y en el sueño
para cada candado real
sólo hay una auténtica llave
que está en el otro sueño
ahora invisible
es la llave de la única puerta real
abre a la vez el agua y el cielo
yace ahora en el fondo del río
en mi mano
mi verdadera mano
y a mi mano le digo
Gírala
abre el río
To the hand
What the eye sees is a dream of sight
what it wakes to
is a dream of sight
and in the dream
for every real lock
there is only one real key
and it's in some other dream
now invisible
it's the key to the one real door
in opens the water and the sky both at once
it's already in the downward river
with my hand on it
my real hand
and I am saying to the hand
turn
open the river
W. S. Merwin, Migración (Antología poética), selección y traducción de Abraham Gragera, Juan de Dios León y Ruth Miguel Franco, Editorial Pre-Textos
Acteón - Ovidio
¿Qué debía hacer? ¿Volver a casa, al palacio real o esconderse
en las selvas? La vergüenza impide lo uno, el miedo lo otro.
Mientras duda, le han visto los perros; Melampo y el ojeador
Icnóbates fueron los primeros en dar con sus ladridos
la señal, de Gnosos Icnóbates, de raza espartana Melampo.
En seguida se lanzan a la carrera otros más veloces que
el poderoso Nebrófono y el feroz Terón junto a Lélaps,
y Ptérelas, valioso para la carrera, y Agre para el rastreo,
y el fogoso Hileo, poco antes herido por un jabalí,
y Nape, hija de un lobo, y Pémenis, que antes perseguía
rebaños, y Harpía, acompañada de sus dos cachorros,
y Ladón de Sición con sus enjutos flancos,
y Drómade y Cánaque y Esticte y Tigre y Alce
y Leucón de pelo blanco y Asbolo de pelo negro,
y el muy vigoroso Lacón, y Aelo, infatigable en la carrera,
y Too y la veloz Licisca con su hermano Cirpio,
y Hárpalo, adornado en mitad de su negra frente
con un lucero, y Menaleo y Lacne, la de peludo cuerpo,
y, nacidos de padre cretense pero madre laconia,
Labro y Agriodonte, e Hiláctor de agudo ladrido, y otros
que sería prolijo mencionar. Tal jauría, ávida de presa,
por rocas y peñascos, por riscos inaccesibles, por donde
el camino es arduo y por donde no existe camino, le acosa.
Huy él por los parajes por donde muchas veces había dado caza,
huye -¡ay!- de sus propios monteros. Deseábales gritar:
"Soy yo, Acteón; reconoced a vuestro señor". (...)
Ovidio, Metamorfosis, trad. Antonio Ramírez de Verger y Fernando Navarro Antolín, Alianza Editorial
sábado, 29 de enero de 2011
Marianne Moore - ¡Ay, ser un dragón!
Si, como Salomón...,
yo pudiera cumplir mi deseo
-mi deseo... ¡ay, ser un dragón!,
símbolo del poder del cielo- del tamaño
del gusano de seda o inmenso; invisible a veces.
¡Extraordinario fenómeno!
If I, like Solomon,...
could have my wish-
my wish... O to be a dragon,
a symbol of the power of Heaven-of silkworm
size or immense; at times invisible.
Felicitous phenomenon!
Marianne Moore, Poesía completa, trad. Olivia de Miguel, Lumen
sábado, 22 de enero de 2011
Ouroboros - Juan Eduardo Cirlot

"Synosius" (1478)
Ouroboros
Este símbolo, que aparece principalmente entre los gnósticos, es un dragón o serpiente que se muerde la cola. En el sentido más general, simboliza el tiempo y la continuidad de la vida. En sus representaciones lleva por complemento una inscripción que dice: Hen to pan (el Uno, el Todo). Así aparece en el Codex Marcianus del siglo II después de Jesucristo. Ha sido interpretado también como la unión del principio ctónico de la serpiente y el principio celeste del pájaro (síntesis que puede aplicarse al dragón). (...)
Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Siruela
Friedrich Nietzsche - El peso más grande
¿Qué ocurriría si, un día o una noche un demonio se deslizara furtivamente en la más solitaria de tus soledades y te dijese: "Esta vida, como tú ahora la vives y la has vivido, deberás vivirla aún otra vez e innumerables veces, y no habrá en ella nunca nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer, y cada pensamiento y cada suspiro, y cada cosa indeciblemente pequeña y grande de tu vida deberá retornar a ti, y todas en la misma secuencia y sucesión -y así también esta araña y esta luz de luna entre las ramas y así también este instante y yo mismo. ¡La eterna clepsidra de la existencia se invierte siempre de nuevo y tú con ella, granito de polvo"? ¿No te arrojarías al suelo, rechinando los dientes y maldiciendo al demonio que te ha hablado de esa forma? ¿O quizás has vivido una vez un instante infinito, en que tu respuesta habría sido la siguiente: "Tú eres dios y jamás oí nada más divino"? Si ese pensamiento se apoderase de ti, te haría experimentar, tal como eres ahora, una transformación y tal vez te trituraría; ¡la pregunta sobre cualquier cosa!: "¿Quieres esto otra vez e innumerables veces más?" pesaría sobre tu obrar como el peso más grande! O también, ¿cuánto deberías amarte a ti mismo y la a la vida para no desear ya otra cosa que esta última, eterna sanción, este sello?"
Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia
sábado, 15 de enero de 2011
Ibn Sara As-Santarini - La espada
Es una lámina brillante
donde se encuentran los caminos de los astros
aunque sobre ella nadie,
desde que existe, ha caminado.
Purificó la paja su fulgor
y ahora es un agua
en cuya superficie arde la llama.
Ibn Sara As-Santarini, Poemas del fuego y otras casidas, trad. Teresa Garulo, Hiperión, 2001
sábado, 8 de enero de 2011
Yves Bonnefoy - Que este mundo permanezca
V
Que este mundo permanezca,
Que las palabras no sean
Un día estas osamentas
Grises, que habrán picoteado
Gritando, disputándoselas,
Dispersándose,
Los pájaros, nuestra noche
En la luz.
Que este mundo permanezca
Como cesa el tiempo
Cuando lavamos la herida
Del niño que llora,
Y cuando volvemos
A la habitación sombría
Vemos que duerme en paz,
Noche, pero luz.
Que ce monde demeure,
Que les mots ne soient pas
Un jour ces ossements
Gris, qu'auront becquetés,
Criant, se disputant,
Se dispersant,
Les oiseaux, notre nuit
Dans la lumière.
Que ce monde demeure
Comme cesse le temps
Quand on lave la plaie
De l'enfant qui pleure.
Et lorsque l'on revient
Dans la chambre sombre
On voit qu'il dort en paix,
Nuit, mais lumière.
Yves Bonnefoy, de Tarea de esperanza. Antología poética, trad. Arturo Carrera, Pre-textos, 2007
viernes, 31 de diciembre de 2010
Juan-Eduardo Cirlot - El libro de Cartago
Oh, Baal. ¿Quién soy yo? Soy un barquero que ha llegado de otra edad; que ha regresado de otras islas, que ha navegado sin creer en la realidad de la aniquilación de las costas patriarcales. He visto las puertas arruinadas, llenas de topacios; he visto los palacios calcinados y en mis ojos sus muertes sonreían como yo te sonrío a ti.
Juan-Eduardo Cirlot, El libro de Cartago, Igitur, 1998





