sábado, 28 de noviembre de 2009

José Luis Rey - La nueva vida de Ezra







La luz sólo habla griego.
Tú los sabías, ¿verdad?
Sentado allí, en el ágora,
a la hora en que el guiso se extiende sobre el cielo
igual que los antiguos maestros reducían
lejanías al blanco.
Pensar en Grecia es toda nuestra luz.
Ya no dirán tu nombre en sitios ordinarios.
Sí, tenemos amigos, pero no mayordomo.
Tú portabas países en tu mano de arena,
leyes tejidas por la luna bárbara. Creciste en solitarios edificios,
donde el aire movido por las túnicas
era el único juez.
Y no las letras chinas del poniente,
sino el griego primero del ardor.
Las primeras palabras son la vida.
Así amanecía sobre todos nosotros.
Trovadores amigos que recorréis las rutas
del mundo viejo y noble,
caminando en la muerte o en verano,
criollos de la tierra.
Vuestras lenguas, acaso
¿se abrirían al alba, rechinando las puertas
con aquel esplendor?
Y las muchachas de grandes pechos como estrellas diurnas
y el gong rizado del agua,
la proa rompiendo la luz.
Él hablaba y aquello
brillaba antes de ser sólo piedra caída
entre las zarzas llenas de lagartos.
Los autobuses suben cada día
donde ya nada queda.
Y el padre, que ahora vive entre tantas gaviotas,
ha aprendido el silencio.
Nuestro callar es otro Partenón.
Acaso es triste así.
Pero creo en los peces,
yo creo en la mañana,
en la resurrección del alfabeto.

José Luis Rey, La familia nórdica, Visor

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