sábado, 31 de diciembre de 2011

Louise Glück - Maitines

                   
                                  
                                 
                           
                           

¿Quieres saber cómo paso mi tiempo?
Camino por el prado de enfrente, fingiendo
deshierbar. Deberías saberlo,
jamás deshierbo de rodillas, ni arranco
manojos de tréboles: en realidad, espero
algo de coraje, alguna evidencia
de que mi vida cambiará, aunque
me lleve siglos buscar
en cada manojo la simbólica
hoja. Pronto acabará el verano, ya
las hojas empiezan a cambiar, las de los árboles
enfermos van primero, la muerte las transforma
en un brillante amarillo, y un puñado de aves oscuras
anuncian su toque de queda musical.
¿Quieres ver mis manos? Tan vacías
como en la nota primera.
¿O se trataba tan sólo de seguir adelante
siempre, sin ninguna señal?



MATINS




You want to know how I spend my time?
I walk the front lawn, pretending
to be weeding. You ought to know
I'm never weeding, on my knees, pulling
clumps of clover from the flower beds: in fact
I'm looking for courage, for some evidence
my life will change, though
i takes forever, checking
cach clump for the symbolic
leaf, and soon the summer is ending, already
the leaves turning, always the sick trees
going first, the dying turning
brilliant yellow, while a few dark birds perform
their curfew of music. You want to see my hands?
As empty now as at the first note.
Or was the point always
to continue without a sing?



Louise Glück, El iris salvaje, trad. Eduardo Chirinos, Pre-Textos, 2006

lunes, 26 de diciembre de 2011

Rafael Pérez Estrada - Poética

                                                      
                              
                         
                         

Escribir o levitar.
    El poema es sólo el espejismo del poema que soñamos.
    Hondo, al final de la llaga está el poema.

Rafael Pérez Estrada, de Un plural infinito. Antología poética, Vandalia, 2011

domingo, 18 de diciembre de 2011

Saint-John Perse

                     
              
                   
            
             

X


Para desembarcar a los bueyes y a los mulos
se les tira al agua por encima de la borda, dioses vaciados en oro y frotados con resina,
¡El agua los acoge! ¡Los hace brotar!
Y nosotros esperamos en el muelle a manera de antorchas, mientras mantenemos los ojos clavados en la estrella de sus frentes —todo un pueble necesitado, vestido de su brillo, y sobrio.


Saint-John Perse, Pájaros y otros poemas, trad. Manuel Álvarez Ortega, Visor, 1996

sábado, 10 de diciembre de 2011

Himno de la Perla

                 
                       
                      
                     
                       

"Si bajas a Egipto y consigues traer la perla única, la que está en medio del mar, cerca de la serpiente silbadora, [entonces] vestirás de nuevo tu túnica brillante y la toga que cae por encima de ella, y con tu hermano, nuestro segundo [en autoridad], serás el heredero de nuestro reino". (...)


"¡Despierta y levántate de tu sueño, y atiende a las palabras de nuestra carta! ¡Recuerda que eres hijo de reyes! ¡Mira la esclavitud, [mira] al que tú sirves! Recuerda la perla por la que has viajado a Egipto". (...)


Himno de la Perla, trad. y notas de Juan J. Alarcón Sainz y Pablo A. Torijano, Universidad Complutense, Madrid

domingo, 4 de diciembre de 2011

Hermann Broch - La muerte de Virgilio

                  
                        
                        
                          

(...)
así en la activa tristeza,
así se le revela al hombre la belleza,
se le revela cerrada en sí misma, en
el símbolo y en el equilibrio,
flotando hechicera en el lado de enfrente
del yo que que contempla la belleza y del mundo colmado de ella,
cada uno de ambos en su espacio, cada uno de ambos limitado a sí mismo,
cada uno encerrado en sí mismo en su propio equilibrio y por eso mismo ambos
en equilibrio recíproco, por eso mismo en un espacio común;
así se le revela al hombre
cómo está cerrada en sí la bella terrenalidad,
cómo está cerrado en sí el espacio sustentado por el tiempo, petrificado en el tiempo, extendido flotante, mágicamente bello, que ya no se renueva en pregunta alguna, ni se ensancha ya en ningún conocimiento,
constante totalidad del espacio irrenovable e inensanchable, sostenida por el equilibrio
de la belleza que actúa én él; y esta totalidad cerrada en sí del espacio se revela en cada una de sus partes, en cada uno de sus puntos, como si cada uno fuera su límite más interno,
se revela en cada una de las figuras, en cada cosa, en cada obra del hombre,
símbolo en cada una de su propia espacialidad,
como su límite más interno, donde cada esencia se anula a sí misma,
el símbolo que anula el espacio, la belleza que anula el espacio, anulando el espacio
por la unidad, que establece entre él límite más interno y el más externo,
por lo cerrado en sí mismo de lo infinitamente limitado,
la infinidad limitada, la tristeza del hombre;
así se le revela la belleza, como un acontecer del límite, (...)


Hermann Broch, La muerte de Virgilio, trad. A. Gregori, Alianza Editorial, 2005