viernes 5 de febrero de 2010
El lenguaje kafkiano
En mí se puede reconocer muy bien una concentración hacia el escribir. Cuando quedó claro en mi organismo que el escribir era la dirección de mayor entrega de mi ser, todo se agolpó hacia allá y dejó vacías todas las capacidades que se dirigían hacia los goces del sexo, del comer, del beber y de la meditación filosófica, de la música ante todo. Adelgacé en todas esas direcciones.
Franz Kafka, en Historia de la Literatura universal, Martín de Riquer y José María Valverde, Planeta
sábado 30 de enero de 2010
jueves 28 de enero de 2010
Balada del concurso de Blois
Estoy muriendo de sed junto a la fuente;
caliente como el fuego, tirito de frío;
en mi país estoy en tierra lejana;
junto a un brasero tiemblo, aunque ardo;
desnudo como un gusano, vestido como presidente,
río entre llanto y espero sin esperanza;
me reconforto en triste desesperación;
me divierto y no hallo ningún gozo;
soy poderoso sin fuerza ni poder,
bien acogido, de todos rechazado.
Nada me resulta seguro, sino lo incierto;
ni oscuro, sino lo que es muy evidente;
no tengo dudas, salvo una cosa cierta;
considero la ciencia como accidente repentino;
todo lo gano y sigo siendo el perdedor;
al amanecer digo: "Dios me dé buena noche."
Tumbado de espaldas, tengo miedo de caer;
tengo riqueza y no poseo nada;
espero una herencia y no soy heredero de nadie,
bien acogido, de todos rechazado.
Nada me preocupa y pongo mi esfuerzo
en adquirir bienes que no me interesan;
quien mejores palabras me dice, es quien más me hiere,
y quien más me dice la verdad, más me engaña;
mi amigo es quien me hace saber
de un cisne blanco que es un cuervo negro;
y quien me hace daño, creo que me ayuda;
mentira, verdad, hoy me es todo uno;
lo recuerdo todo, no sé expresar nada,
bien acogido, de todos rechazado.
¡Príncipe clemente! Plúgaos saber ahora
que oigo mucho y no tengo sentido ni conocimiento:
soy de una facción y me someto a todas las leyes.
¿Qué más sé? ¿Qué? Recuperar mis bienes,
bien acogido, de todos rechazado.
François Villon, Poesía, trad. Carlos Alvar, Alianza
viernes 15 de enero de 2010
Julio Martínez Mesanza - He soñado de nuevo con jinetes
He soñado de nuevo con jinetes
pesadamente armados. A lo lejos
acampan. Vemos la humareda enorme
de sus festines y sus grandes sombras.
Sabemos que vendrán tarde o temprano,
y ante su carga no valdrán las hachas
ni las cobardes hoces, ni la astucia.
Sobre nuestras espaldas de vencidos
golpearán terribles sus espadas.
Quisiera desertar, pero me dicen
que sé algo de estrategia y que soy joven.
Quisiera estar del lado de los otros.
Julio Martínez Mesanza, de Las Trincheras, Renacimiento
Gibrán Khalil
(...)En verdad, sólo cantaréis realmente cuando bebáis del río del silencio.
Y sólo cuando hayáis alcanzado la cima de la montaña empezaréis a escalar.
Y sólo cuando la tierra reclame vuestros miembros, bailaréis en verdad.
Gibrán Kalil, El Profeta
Traducción de Mauro Armiño, Valdemar
sábado 9 de enero de 2010
La vida privada de Sherlock Holmes - Billy Wilder
Billy Wilder, La vida privada de Sherlock Holmes (1970)
sábado 2 de enero de 2010
Romance del conde Arnaldos
¡Quién hubiese tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Con un falcón en la mano
la caza iba a cazar;
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas traída de seda,
la ejarcia de un cedal;
marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma
los vientos face amainar
los peces que andan n'el hondo
arriba los face andar,
las aves que andan volando
n'el mástil las faz posar.
Allí habló el conde Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por Dios te ruego, marinero,
dígasme hora ese cantar.
Respondiole el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.
Romancero, Edición de Alejandro González Segura, Alianza Editorial
sábado 26 de diciembre de 2009
Antonio Méndez Rubio
Ilusión e ilusión se entretejen tan bien
que cualquier referencia al mundo visible
nos sirve de realidad.
B. NOËL
De palabra a palabra
entrevive sin miedo
la pasión más oscura
de la luz.
Hoy, despacio, pronuncia
un despertar que dura
lo que dura un encuentro.
Aguarda todavía
al trasluz la ilusión.
Tras la luz.
La ilusión.
Antonio Méndez Rubio, en Todo en el aire (Poesía 1995-2005)
El coleccionista - William Wyler
William Wyler, El coleccionista (1965)
sábado 19 de diciembre de 2009
Alabanza de los sueños - Wislawa Szymborska
En sueños
pinto como Vermeer van Delft.
Hablo griego con fluidez
y no sólo con los vivos.
Conduzco un coche
que me obedece.
Poseo talento
y escribo grandes poemas.
Oigo voces
no peor que los venerables santos.
Mis dotes pianísticas
os dejarían boquiabiertos.
Revoloteo como es debido,
es decir, por propio impulso.
Me precipito desde el tejado
y sé caer, suave, en el verdor.
No tengo problemas
para respirar bajo el agua.
No puedo quejarme:
he descubierto la Atlántida.
Por suerte sé despertar siempre
antes de morir.
En cuanto una guerra estalla
me vuelvo del otro lado.
Soy hija de mi época
pero no por obligación.
Hace un par de años
vi dos soles.
Y, anteayer, un pingüino.
Con meridiana claridad.
Wislawa Szymborska, de Paisaje con grano de arena, Lumen
Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Stawomirski
sábado 12 de diciembre de 2009
Historia de Nastagio degli Onesti

Sandro Botticelli, Historia de Nastagio deglio Onesti (1483), primera parte
(...)Y sucede que cada viernes, hacia esta hora, la alcanzo aquí y aquí hago la matanza que verás; y los demás días no creas que descansamos, sino que la alcanzo en otros lugares donde ella obró y pensó contra mí cruelmente; y habiéndome convertido de amante en enemigo, como ves, debo seguirla tantos años como meses ella fue cruel conmigo.
Giovanni Boccaccio, Decamerón, Cátedra
domingo 6 de diciembre de 2009
Juan José Arreola
En mayo logró llegar hasta el príncipe, en calidad de emisario del ejército. Pero no llevaba consigo siquiera en alfiler. Difícilmente pudo calmar su desesperación mientras duraba la entrevista. En vano ensayó mentalmente sus manos enflaquecidas sobre el grueso cuello del flamenco. Sin embargo, logró obtener una nueva comisión. Guillermo lo designó para volver al frente, a una ciudad situada en la frontera francesa. Pero Baltasar ya no pudo resignarse a un nuevo alejamiento.
Descorazonado y caviloso, vagó durante dos meses en los alrededores del palacio de Delft. Vivió con la mayor miseria, casi de limosna, tratando de congraciarse lacayos y cocineros. Pero su aspecto extranjero y miserable a todos inspiraba desconfianza.
Un día lo vio el príncipe desde una de las ventanas del palacio y mandó un criado a reconvenirlo por su negligencia. Baltasar respondió que carecía de ropas para el viaje, y que sus zapatos estaban materialmente destrozados. Conmovido, Guillermo le envió doce coronas.
Radiante, Baltasar fue corriendo en busca de un par de magníficas pistolas, bajo el pretexto de que los caminos eran inseguros para un mensajero como él. Las cargó cuidadosamente y volvió al palacio. Diciendo que iba en busca de pasaporte, llegó hasta el príncipe y expresó su petición con voz hueca y conturbada. Se le dijo que esperara un poco en el patio. Invirtió el tiempo disponible planeando su fuga, mediante un rápido examen del edificio.
Poco después, cuando Guillermo de Orange en lo alto de la escalera despedía a un personaje arrodillado, Baltasar salió bruscamente del escondite, y disparó con puntería excelente. El príncipe alcanzó a murmurar unas palabras y rodó por la alfombra, agonizante.
Juan José Arreola, fragmento del relato Baltasar Gérard, de Confabulario definitivo, Cátedra
El cuento del grial - Chrétien de Troyes
Et tot cil de laiens veoient
le lance blanche et le fer blanc,
s'issoit une goute de sanc
del fer de la lance en somet,
et jusqu'a la main au vallet
coloit cele goute vermeille.
Li vallés voit cele merveille
qui la nuit ert laiens venus,
si s'est de demanander tenus
coment ceste chose avenoit,
que del chasti li sovenoit
celui qui chevalier le fist,
qui li ensaigna et aprist
que de trop paerler se gardast.
Et crient, se il le demandast,
qu'en le tenist a vilonie;
por che si nel demanda mie.
Y todos los que estaban allí veían la lanza blanca y el hierro blanco, y una gota de sangre salía del extremo del hierro de la lanza, y hasta la mano del paje manaba aquella gota bermeja. El muchacho que aquella noche había llegado allí, ve este prodigio, pero se abstiene de preguntar cómo ocurría tal cosa, porque se acordaba del consejo de aquel que lo hizo caballero, que le enseñó y adoctrinó que se guardara de hablar demasiado. Y teme que, si lo pregunta, se le considerará rusticidad: por esto no preguntó nada.
Chrétien de Troyes, Li contes del graal, por Martín de Riquer, Acantilado
sábado 28 de noviembre de 2009
Kwaidan - Masaki Kobayashi
Masaki Kobayashi, Kwaidan (El más allá) (1964)
José Luis Rey - La nueva vida de Ezra
La luz sólo habla griego.
Tú los sabías, ¿verdad?
Sentado allí, en el ágora,
a la hora en que el guiso se extiende sobre el cielo
igual que los antiguos maestros reducían
lejanías al blanco.
Pensar en Grecia es toda nuestra luz.
Ya no dirán tu nombre en sitios ordinarios.
Sí, tenemos amigos, pero no mayordomo.
Tú portabas países en tu mano de arena,
leyes tejidas por la luna bárbara. Creciste en solitarios edificios,
donde el aire movido por las túnicas
era el único juez.
Y no las letras chinas del poniente,
sino el griego primero del ardor.
Las primeras palabras son la vida.
Así amanecía sobre todos nosotros.
Trovadores amigos que recorréis las rutas
del mundo viejo y noble,
caminando en la muerte o en verano,
criollos de la tierra.
Vuestras lenguas, acaso
¿se abrirían al alba, rechinando las puertas
con aquel esplendor?
Y las muchachas de grandes pechos como estrellas diurnas
y el gong rizado del agua,
la proa rompiendo la luz.
Él hablaba y aquello
brillaba antes de ser sólo piedra caída
entre las zarzas llenas de lagartos.
Los autobuses suben cada día
donde ya nada queda.
Y el padre, que ahora vive entre tantas gaviotas,
ha aprendido el silencio.
Nuestro callar es otro Partenón.
Acaso es triste así.
Pero creo en los peces,
yo creo en la mañana,
en la resurrección del alfabeto.
José Luis Rey, La familia nórdica, Visor
Juan Carlos Mestre - El mensajero de los astros
Dios para los que cantan en el pájaro.
Dios para los que tienen siete labios.
JUAN EDUARDO CIRLOT
Y sin embargo yo, Galileo Galilei, músico con vocación, he oído las moscas de la eternidad alrededor de cuanto aún es posible contar con los dedos. Tengo razones para pensar que el alma es una bola de plomo que oscila en el temor como sombra de un péndulo. Tuve motivos sin haberlos soñado. Imaginé la edad del hexágono, oí su vibración bajo los ojos de Homero. Conozco la fórmula de la nieve, en cada sótano de su geometría he alimentado una lámpara. Yo Galilei, arrodillado antes las estrellas del gorro de Merlín, abjuro de haber cavado en la realidad hasta hallar la mortaja a la novia de las serpientes. Dejo la hipótesis de mis únicos bienes al campesino de las matemáticas. Reniego de los carbones etruscos donde enciende su reino la sonrisa de cuantos permanecieron sordos. He sembrado mi falsedad en el colegio de la muerte. No hay sin embargo que valga. Quede para Guiulia Ammannati di Pescia, mi madre, la voz que maldigo, y el gesto de la torre de Pisa.
Juan Carlos Mestre, La casa roja, Calambur
sábado 21 de noviembre de 2009
El general Della Rovere - Roberto Rossellini
Roberto Rossellini, El general Della Rovere (1959)
Píndaro
¡Seres de un día! ¿Qué es cada uno? ¿Qué no es?
El hombre es el sueño de una sombra.
Mas cuando llega el don divino de la gloria,
se posa sobre los hombres un luminoso resplandor y una existencia grata.
Egina, madre querida, guía a esta ciudad
con el rumbo de la libertad, en compañía de Zeus y del poderoso Éaco,
de Pelo, del admirable Telamón y de Aquiles.
Píndaro, Pítica VIII, en Obra completa
Edición de Emilio Suárez de la Torre, Cátedra
Eugenio Montale
Al escribir mi primer libro, obedecía a una necesidad de expresión musical. Quería que mis palabras fueran más adherentes que las de los otros poetas que había conocido. ¿Más adherentes a qué? Tenía la sensación de vivir bajo una campana de vidrio y, sin embargo, sentía que estaba cerca de algo esencial. Un velo muy fino, tan sólo un hilo me separaba de quid definitivo. La expresión absoluta habría sido la rotura de ese velo, de ese hilo: una explosión, el fin del engaño del mundo como representación. Pero se trataba de un límite inalcanzable. Y mi voluntad de adherencia seguía siendo musical, instintiva, no programática.
Eugenio Montale, del prólogo de Poesía completa, Galaxia Gutenberg
sábado 14 de noviembre de 2009
Saint-John Perse
Saint-John Perse, Pájaros y otros poemas
Versión de Manuel Álvarez Ortega, Visor
Salomón y Saba (Escena nupcial) - Blanca Andreu
La primera vez que entré con él en un dormitorio, me acarició
el pelo y me dijo:
-Tienes el pelo de cabra.
Y yo respondí:
-No. Lo que debes decir es: "Tu melena, cual rebaño de cabras
que ondulan en el monte Gallaad".
Entonces me besó.
Después me dijo:
-Qué bella eres.
Y yo respondí:
-No. Lo que debes decir es: "Toda hermosa eres, amada mía.
No hay tacha en ti".
Entonces me besó otra vez.
Luego añadió:
-El Cantar de los Cantares está lleno de liebrecillas.
Entonces lo besé yo a él.
Blanca Andreu, La tierra transparente, Sial ediciones
sábado 7 de noviembre de 2009
Carmilla
-¿Por qué a vuestro padre le gusta asustarnos? -dijo la joven suspirando y estremeciéndose un poco.
-No le gusta, querida Carmilla. Nada más lejos de su intención.
-Querida, no estaréis asustada, ¿verdad?
-Lo estaría, y mucho, si creyera que existe algún peligro real de ser atacada como esas infelices.
-¿Os asusta morir?
-Sí, como a todo el mundo.
-Pero morir como mueren los amantes... Morir juntos para luego poder vivir en compañía. Las muchachas son como orugas mientras viven en este mundo, y finalmente se convierten en mariposas cuando llega el verano. Pero mientras tanto son gusanos y larvas, ¿no creéis?, cada cual con sus peculiares inclinaciones, necesidades y constitución.
Joseph Sheridan Le Fanu, Carmilla, Valdemar
Roman de la Rose - El sueño
Hay muchas personas que dicen que en sueños
todo es una fábula, todo una mentira;
no obstante, sucede que pueden soñarse
cosas que no son nada fabulosas
sino que, al contrario, son muy verdaderas.
Y así yo podría traer de testigo
a un autor famoso llamado Macrobio,
que nunca a los sueños tuvo por quimeras
y que describió aquella visión
que le sucedió al rey Escipión.
Así, todo aquel que piense o que diga
que sea una broma o cosa de locos
creer que los sueños son tan verdaderos,
quien esto sostenga, que me llame loco.
Pues en cuanto a mí, estoy convencido
de que nos revela el significado
del bien y del mal que ocurre a la gente;
pues muchísimas personas sueñan por la noche
muchísimas cosas que entender no pueden,
pero que después se ven perfectamente.
Guillaume de Lorris y Jean de Meun, Roman de la Rose
Cátedra, traducción de Juan Victorio
viernes 30 de octubre de 2009
Enric González - Educación
La televisión, a veces, puede ser educativa. Puede ofrecer lecciones que valen para todos, y muy especialmente para los niños. ¿Qué deberían aprender los chavales? Pues lo mismo que deberíamos aprender los mayores. Que el trabajo tiene mucho que ver con la dignidad, por ejemplo, y que el trabajo nunca es inútil. Y que la prepotencia, en cambio, no es digna y no lleva a ninguna parte. Los niños acabarán aprendiendo, casi siempre por las malas, que los fuertes suelen ganar y los débiles suelen perder. Convendría que tuvieran muy claro, sin embargo, que en algunas ocasiones no es así, y que la historia no está predeterminada, y que el cinismo disminuye el dolor, pero incapacita para el placer.
Otra lección apropiada tiene que ver con la autoestima. Hay que ser valiente, hay que mirar de frente al peligro. Hay que saber que siempre hay alguien más listo o más poderoso, pero no hay nadie superior a nadie. Hay que recordar que las jerarquías son simples convenciones sociales. Hay que tener muy presente que por mal que esté uno no deja de merecer el amor de los suyos. Y que el desprecio que pueda recibir de otros es eso, algo de otros, y no vale la pena perder el tiempo con los asuntos ajenos. Algo más, muy importante: la honradez vale más, muchísimo más, que el dinero.
El martes hubo una emisión televisiva que transmitía todos estos valores, y alguno más. Fue el partido Alcorcón-Real Madrid. Incluso los seguidores madridistas comprenden, supongo, que fue un partido hermoso, de los que se recuerdan de por vida. Esos 90 minutos contuvieron lecciones de gran nivel moral, expuestas de la forma más amena. Nadie debería sentirse humillado por lo que ocurrió: el Real Madrid, al fin y al cabo, colaboró en una buena causa. Su derrota ante el Milan fue abyecta. Su derrota ante el Alcorcón fue algo distinto: contribuyó a mejorar la vida de todos, porque es bueno que los poderosos pierdan alguna vez, y es muy bueno que los débiles disfruten alguna vez de un éxito redondo, sonoro, merecido.
El Alcorcón-Real Madrid fue el mejor programa educativo de la temporada. Por desgracia, se emitió fuera del horario infantil.
Enric González, El País, 30-10-2009
Birgitta Trotzig - (Umbral, límite, diferencia, fuera, dentro)
¿Cuál es la conexión entre el arte y la naturaleza?
¿Dónde surge el espacio imaginario que no es ni lo uno ni lo otro?
Uno puede arreglárselas sin eso que llaman el yo.
El límite, el secreto del umbral. ¿Qué es fuera, qué es dentro, qué es fuera de mí, qué es dentro de mí?
En el umbral. No hacia aquí, no más allá.
Justamente en el movimiento por encima del umbral.
Se raja la membrana ilusoria, la mirada falsificada del "yo".
Entonces el mundo se desnuda. La luz habla, las piedras respiran. El ojo es un planeta negro,
el mundo es ahora mirada. Los árboles levantan sus raíces del seno de la tierra, la sacan del humus de los árboles muertos. El fango y las huellas de los hombres son la mirada de la ceguera, las manos y el tacto de la oscuridad. En lo profundo de la noche las constelaciones dibujan lo terminado y lo que está sin terminar.
El saetero lanza su flecha, es mortal.
Todo le habla a todo. En la luz del espacio, en la luz de la oscuridad. El mensaje se revela.
Birgitta Trotzig, Contexto. Material, Visor
sábado 24 de octubre de 2009
Rolf Jacobsen - La verdad
La verdad está delante de tu puerta.
La ropa hecha jirones. Está enferma.
Lleva un niño en brazos. Quiere entrar.
¿Oyes los ladridos del perro? Tiene miedo.
Tú ¿qué haces? Si abres
cambiará tu vida.
¿Dudas?
¿Tú también?
Rolf Jacobsen, Afinidades afectivas, Antología de poesía nórdica, Francisco J. Uriz
Biblioteca Golpe de Dados
La muerte del rey Arturo
Cuando el rey ve este golpe, exclama apesadumbrado: "¡Ay! Dios, ¿por qué dejáis que pierda todo el valor terreno? Por este golpe veo que aquí tenemos que morir o Modert o yo." Toma una lanza gruesa y fuerte y, a todo el galope de su caballo, ataca a Mordret; éste, que se da cuenta de que el rey no desea otra cosa sino matarle, no le rehúye, antes bien, le dirige la cabeza de su caballo; el rey, que viene con toda su fuerza, le golpea con tal vigor que le rompe las mallas de la cota y le hunde en el cuerpo la punta de su lanza. Cuenta la historia que, al sacar la lanza, atravesó la herida un rayo de sol, de forma tan clara que lo vio Giflete y los de aquella tierra decían que había sido señal de la pena de Nuestro Señor. Cuando Mordret se ve herido, piensa que está herido de muerte; da un golpe sobre el yelmo del rey Arturo, a quien nada pudo impedir que sintiera la espada en la cabeza, e incluso, le hizo un corte en la parte del cráneo; el rey Arturo se quedó aturdido por este golpe, cayéndose del caballo, y lo mismo le ocurrió a Mordret; están los dos tan heridos que nadie puede hacer que se levanten y yacen el uno al lado del otro.
La muerte del rey Arturo, traducción Carlos Alvar, Alianza Editorial
Pierre Michon
Crecieron. La pesada aventura del crecimiento terminaba, nos extrañaba que no fuera eterna. Roland no se volvía más alegre: los libros lo habían perdido, como dicen las buenas gentes, como me dijo poco después mi abuela. ¿Perdido? Sí, lo estaba -siempre lo había estado-, en este mundo que nunca veía tan bien como en los libros que para él lo sustituían, pero en lugar de negación, de súplica siempre rechazada, y de maldad insondable, como, bajo las líneas tenaces enganchadas entre sí, la coquetería infernal de una mujer acorazada de plomo, que se encuentra debajo, a la que deseamos hasta el crimen, cuyo punto flaco -que está en algún lado entre dos líneas, que suponemos y buscamos temblando, que estará al final de esa página, en el rincón de ese párrafo, cerquita y evadiéndose- nunca podremos encontrar; y al día siguiente volvemos sobre la pista de ese pequeño resquicio, lo vamos a encontrar, todo se abrirá y por fin estaremos liberados de la lectura, pero llega la noche y volvemos a cerrar la página de plomo invencible, caemos como plomo. No penetraba el secreto de los autores, el elegante vestido que le habían puesto a la escritura estaba demasiado bien abrochado para que Roland Bakroot, de Saint-Priest-Palus, no sólo pudiera levantarlo, sino incluso supiera si por debajo había carne o sólo aire: y yo creía entenderlo, al adusto, al bachiller de la Triste Figura, yo, con mi cretinismo lírico que daba en ese entonces su viraje irremediable, por su camino almenado de plomo, por el camino de ronda al que me lleva mi vértigo, donde una vez más bailo con los Bakroot, hacia no sé qué última frase que deberé concluir, sin haber adelantado nada.
Pierre Michon, Vidas minúsculas, Anagrama
sábado 17 de octubre de 2009
César Vallejo - Trilce
XXXIII
Si lloviera esta noche, retiraríame
de aquí a mil años.
Mejor a cien no más.
Como si nada hubiese ocurrido, haría
la cuenta de que vengo todavía.
O sin madre, sin amada, sin porfía
de agacharme a aguaitar al fondo, a puro
pulso,
esta noche así, estaría escarmenando
la fibra védica,
la lana védica de mi fin final, hilo
del diantre, traza de haber tenido
por las narices
a dos badajos inacordes de tiempo
en una misma campana.
Haga la cuenta de mi vida,
o haga la cuenta de no haber aún nacido,
no alcanzaré a librarme.
No será lo que aún no haya venido, sino
lo que ha llegado y ya se ha ido,
sino lo que ha llegado y ya se ha ido.
César Vallejo, Trilce, Cátedra
Marcel Schwob - La cruzada de los niños
Relato del leproso
Si deseáis comprender lo que quiero deciros, sabed que tengo la cabeza cubierta con un capuchón blanco y que agito una matraca de madera dura. Ya no sé cómo es mi rostro, pero tengo miedo de mis manos. Van ante mí como bestias escamosas y lívidas. Quisiera cortármelas. Tengo vergüenza de lo que tocan. Me parece que hacen desfallecer los frutos rojos que tomo; y creo que bajo ellas se marchitan las raíces que arranco. Domine ceterorum libera me! El Salvador no expió mi pálido pecado. Estoy olvidado hasta la resurrección. Como el sapo empotrado al frío de la Luna en una piedra obscura, permaneceré encerrado en mi escoria odiosa cuando los otros se levanten con su cuerpo claro. Domine ceterorum fac me liberum: leprosus sum. Soy solitario y tengo horror. Sólo mis dientes han conservado su blancura natural. Los animales se asustan, y mi alma quisiera huir. El día se aparta de mí. Hace mil doscientos doce años que su Salvador los salvó, y no ha tenido piedad de mí. No fui tocado con la sangrienta lanza que lo atravesó. Tal vez la sangre del Señor de los otros me habría curado. Sueño a menudo con la sangre; podría morder con mis dientes; son blancos. Puesto que Él no ha querido dármelo, tengo avidez de tomar lo que le pertenece. He aquí por qué aceché a los niños que descendían del país de Vendome hacia esta selva del Loira. Tenían cruces y estaban sometidos a Él. Sus cuerpos eran Su cuerpo y Él no me ha hecho parte de su cuerpo. Me rodea en la Tierra una condenación pálida. Aceché, para chupar en el cuello de uno de sus hijos, sangre inocente. Et caro nova fiet in die irae. El día del terror será mi nueva carne. Y tras de los otros caminaba un niño fresco de cabellos rojos. Lo vi; salté de improviso; le tomé la boca con mis manos espantosas. Sólo estaba vestido con una camisa ruda; tenía desnudos los pies y sus ojos permanecieron plácidos. Me contempló sin asombro. Entonces, sabiendo que no gritaría, tuve el deseo de escuchar todavía una voz humana y quité mis manos de su boca, y él no se la enjugó. Y sus ojos estaban en otra parte.
–¿Quién eres? –le dije.
–Johannes el Teutón –respondió.
Y sus palabras eran límpidas y saludables.
–¿Adonde vas? –repliqué.
Y él respondió:
–A Jerusalén, para conquistar la Tierra Santa.
Entonces me puse a reír, y le pregunté:
–¿Quién es tu Señor?
Y él me dijo:
–No lo sé; es blanco.
Y esta palabra me llenó de furor, y abrí la boca bajo mi capuchón, y me incliné hacia su cuello fresco, y no retrocedió, y yo le dije:
–¿Por qué no tienes miedo de mí?
Y él dijo:
–¿Por qué habría de tener miedo de ti, hombre blanco?
Entonces me inundaron grandes lágrimas, y me tendí en el suelo, y besé la Tierra con mis labios terribles, y grité:
–¡Porque soy leproso!
Y el niño teutón me contempló, y dijo límpidamente:
–No lo sé.
¡No tuvo miedo de mí! ¡No tuvo miedo de mí! Mi monstruosa blancura es semejante para él a la del Señor. Y tomé un puñado de hierba y enjugué su boca y sus manos. Y le dije.
–Ve en paz hacia tu Señor blanco, y dile que me ha olvidado.
Y el niño me miró sin decir nada. Lo acompañé fuera de lo negro de esta selva. Caminaba sin temblar. Vi desaparecer a lo lejos sus cabellos rojos en el Sol. Domine infantium, libera me! ¡Que el sonido de mi matraca de madera llegue hasta ti, como el puro sonido de las campanas! ¡Maestro de los que no saben, libértame!
Marcel Schowb, de La cruzada de los niños
http://bibliotecaignoria.blogspot.com/
viernes 9 de octubre de 2009
André du Bouchet - Accidentes
He ido errante en torno a ese fulgor.
Me desgarré, de nuevo, al otro
lado de ese muro, como el aire que ves,
en ese fulgor frío.
Al otro lado del muro, veo el mismo aire deslumbrante.
En la distancia sin ruptura, como la extensión
misma de la tierra entrecortada donde, más lejos, pongo los pies,
nadie siente el calor.
Seremos lavados de nuestro rostro, como el aire que corona el muro.
André du Bouchet, de En el calor vacante, en Dieciocho poetas franceses contemporáneos
Traducción de Enrique Moreno Castillo, Lumen
J'ai erré autour de cette lueur.
Je me suis déchiré, une nouvelle fois, de
l'autre côté de ce mur, comme l'air que tu vois,
à cette lueur froide.
De l'autre côté du mur, je vois le même air aveuglant.
Dans le lointain sans rupture, comme l'étendue même de
la terre entrecoupée que, plus loi, je foule, nul ne sent la chaleur.
Nous serons lavés de notre visage, comme l'air qui couronne le mur.
jueves 1 de octubre de 2009
Capilla Scrovegni: La resurrección de Lázaro
No es la memoria lo que comparten
ateridos
los miembros de la tribu
Es el olvido
Lo que queda de la voz
en la casa desamueblada
Un eco inhóspito
Un rumor enemigo
Unos puntos suspensivos en un libro
de historia pueden ser un siglo
Millones de hombres masacrados
en las trincheras, tantas sonrisas
santificadas por un beso
en la penumbra de una esquina
Tres puntos, tan sólo
Decir que todo cambia
que todo se repite
(es como todo)
no es sino moderada
licencia poética
Buda lo llama impermanencia
No nos une la certeza
sino el sin sentido
Por eso nos llenamos de fórmulas
de endacasílabos como pasto
para el gusano que otea el futuro
Cambia el canal
Es el mismo fuego
(sigue ardiendo Alejandría)
Leemos los signos
inscripciones sobre una lápida
sobre un azogue de osamentas
Alguien extiende su dedo y grita
levántate y anda
Javier Moreno, Renacimiento, Icaria Poesía
La leyenda del tiempo - Isaki Lacuesta
Isaki Lacuesta, La leyenda del tiempo (2006)


