domingo, 19 de mayo de 2013

Bernard Noël

        
          
         
          
        
cuando venga el día
mira quién se borra
en tus labios
cada nombre muere
en silencio



quand le jour viendra
regarde qui s'efface
sur tes lèvres
chaque nom meurt
en silence


Bernard Noël, Tres poetas franceses del siglo XXI, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, edición de Clara Janés

domingo, 12 de mayo de 2013

Charles Bukowski - Dog

  
          
       
        
          
a single dog
walking alone on a hot sidewalk of
summer
appears to have the power
of ten thousand gods.

why is this?


Charles Bukowski

lunes, 6 de mayo de 2013

Eloy Sánchez Rosillo - Adentro

                           
      
      
       
        
En el más hondo adentro
de cada cosa hay un silencio puro,
un lugar muy secreto e inviolable,
donde la mano palpa un agua antigua,
un regazo caliente.
No se accede allí nunca
por los trabajos de la voluntad,
ni porque el corazón así lo ansíe.
Se entra por gracia viva de lo vivo,
por acorde animal con lo creado.
Quien consigue asomarse sin esfuerzo
–con naturalidad, con inocencia
que acata y que no inquiere–
a esa oquedad colmada
podrá escuchar un algo que no es ya
la sola cosa misma,
el lenguaje o el alma propios de ella,
sino el latido unánime, enigmático,
que une entre sí lo múltiple y lo mueve,
una respiración que alienta en todo
y quiere ser oída para ser.


Eloy Sánchez Rosillo, Antes del nombre, Tusquets, 2013

sábado, 27 de abril de 2013

Diego de Torres Villarroel - Vida

   
       
      
         
         
Yo soy un mal hombre, pero mis diabluras, o por comunes o por frecuentes, ni me han hecho abominable ni exquisitamente reprehensible. Peco, como muchos, emboscado y hundido, con miedo y con vergüenza de los que me atisban. Mirando a mi conciencia, soy facineroso; mirando a los testigos, soy regular, pasadero y tolerable. Soy pecador solapado y delincuente oscuro, de modo que se sospeche y no se jure. Muchos disparates de marca mayor y desconciertos plenarios tengo hechos en esta vida, pero no tan únicos que no los hayan ejecutado otros infinitos antes que yo. Ellos se confunden, se disimulan y pasan entre los demás. El uso plebeyo los conoce, los hace y no los extraña, ni en mí ni en otro, proque todos somos unos y, con corta diferencia, tan malos los unos como los otros.

Diego de Torres Villarroel, Vida, Cátedra, 1980

domingo, 14 de abril de 2013

Juan Vicente Piqueras - Los dioses dentro

 
       
      
       
         
Los dioses saben más y mejor que nosotros
lo que nos hace falta. Les pedimos un hijo
y nos mandan un lobo, y no los comprendemos.

La vida los olvida. La muerte los inventa.

Y las enfermedades, como bien dijo el sabio,
son dioses que agonizan dentro de nuestro cuerpo,
su último templo en ruinas,
su refugio sin fe. Piden piedad.

Los dioses no comprenden la extraña insensatez
con que hemos decidido acabar con nosotros
acabando con ellos, el orgullo
con que los despreciamos.

Los dioses piden poco: que no los olvidemos.

Pero es mucho pedirle a una raza de esclavos
que han hecho del olvido su misión y su vida
y su razón de ser.
                            Los dioses callan,
resignados, y mueren en silencio
dentro de cada uno de sus antiguos súbditos.


Juan Vicente Piqueras, Atenas, Visor, 2013

domingo, 7 de abril de 2013

Eduardo Mitre - Pasaje

     
         
          
            
          
Un puente me deja ileso
frente a un lago y un bosque,
y entro en el más sereno
tratado de las pasiones.


Eduardo Mitre, Obra poética (1965-1998), Pre-Textos, 2012

jueves, 28 de marzo de 2013

Jesús Jiménez Domínguez


      
         
         
          
KOJI KABUTO SE DESPIDE DE SAYAKA YOMI ANTES DE PARTIR EN EL PLANEADOR
(HAIKU)



                      10 010 10 1010
                      01001 01 01 1001
                      1001110 11010010
 
                      (Transcripción:
 
 
                       Tu ojo lo dice:
                        Adiós es un país
                       siempre lluvioso.)
                            


Jesús Jiménez Domínguez, Fundido en negro, DVD EDICIONES 2007

martes, 19 de marzo de 2013

Nicanor Parra - Cartas del poeta que duerme en una silla

       
      
      
        
         
I

Digo las cosas tales como son
O lo sabemos todo de antemano
O no sabremos nunca absolutamente nada.

Lo único que nos está permitido
Es aprender a hablar correctamente.


Nicanor Parra, Parranda larga, Alfaguara, 2010

domingo, 17 de marzo de 2013

William Faulkner - ¡Absalón, Absalón!

        
           
         
          
          
Ya iba a mitad de camino por la plaza cuando lo vieron, a lomos de un caballo grande, ruano, fatigado, hombre y bestia con todas las trazas de haber sido creados a partir del aire mismo y colocados en el intenso sol de la mañana de verano de un día festivo, avanzando con trote corto; era un rostro y era un caballo que ninguno de los presentes había visto jamás, un nombre que nadia había oído, y un origen y una intención que algunos jamás llegarían a conocer. Así, en las cuatro semanas que siguieron (Jefferson era entonces poco más que un poblachón: la posada de Holston, el juzgado, seis tiendas, una herrería y unas caballerizas, una taberna que frecuentaban los buhoneros y los tratantes de ganado, tres iglesias, tal vez una treintena de casas particulares) el nombre del forastero circuló en los lugares de ocio y de negocio y en los domicilios, en acompasada estrofa y antistrofa: Sutpen. Sutpen. Sutpen. Sutpen.

William Faulkner, ¡Absalón, Absalón!, trad. Miguel Martínez-Lage, La otra orilla, 2008

domingo, 3 de marzo de 2013

Rubén Darío - Metempsicosis

        
         
          
          
         
Yo fui soldado que durmió en el lecho
de Cleopatra la reina. Su blancura
y su mirada astral y omnipotente.
           Eso fue todo.

¡Oh mirada! ¡oh blancura! y ¡oh aquel lecho
en que estaba radiante la blancura!
¡Oh la rosa marmórea omnipotente!
           Eso fue todo.

Y crujió su espinazo por mi brazo,
y yo, liberto, hice olvidar a Antonio
(¡oh el lecho y la mirada y la blancura!)
           Eso fue todo.

Yo, Rufo Galo, fui soldado, y sangre
tuve de Galia, y la imperial becerra
me dio un minuto audaz de su capricho.
           Eso fue todo.

¿Por qué en aquel espasmo las tenazas
de mis dedos de bronce no apretaron
el cuello de la blanca reina en broma?
           Eso fue todo.

Yo fui llevado a Egipto. La cadena
tuve al pescuezo. Fui comido un día
por los perros. Mi nombre, Rufo Galo.
           Eso fue todo.


Rubén Darío, Páginas escogidas, Cátedra, 1988

sábado, 23 de febrero de 2013

Georges Seferis

     
        
XXIV      
        
           
Aquí terminan las labores del mar, las labores del amor.
Aquellos que alguna vez vivirán aquí donde hemos terminado
si acaso la sangre se vuelve negra en su memoria y se rebalsa
que no nos olviden, fatigadas almas entre los asfódelos,
que vuelvan hacia las tinieblas las cabezas de las víctimas:

Nosotros que nada tuvimos les enseñaremos la calma.


Georges Seferis, Antología poética, trad. Pedro Ignacio Vicuña, Visor, 1989

sábado, 9 de febrero de 2013

domingo, 3 de febrero de 2013

Pere Gimferrer - Alma Venus

          
            
          
        
          
                                        X


Todo poema tiene un tema sólo:
cómo dice otra cosa la palabra.
Ciego y sereno vive el gavilán
en la tiniebla de palabras últimas.
Yo pisaba estas calles en los años
en que mi juventud fue loba muerta,
pero eran irrealizables, no trazadas
todavía, o trazadas e insepultas.
Me miraban con ojos de pintura
o de fotografía incandescente
aquellas calles hoy borrosas, claras,
al mismo tiempo nítidas y angostas:
están en el pasado y hoy las cruzo,
voy en pos de mí mismo ensabanándome.
Todo es un pacto de irrealidad:
la serenata del rosal del tiempo.
Al doblar esta esquina, me veré desdoblado
como en el almacén La Rinascente
una tarde en Turín hecha de yeso
en la grissalla oscura de los pórticos.
(Recordé entonces que era carnaval,
al ver luces en nieve de febrero.)
Perseguidores del perseguidor,
nos acechamos porche a porche, esquina
a esquina, zigzagueo de mercurio
que escapa entre las manos, edad mía.
Como gárgola en piazza Solferino,
me mira mi carátula de ayer.
Haber llegado al cabo de la calle:
la luna pudo detenerse al fin.
Un mosaico de voces el poema:
son todos los poemas una voz
que murmura palabras maquilladas,
el rimmel descorrido y afónica la luz,
el oleaje que, al venir, se va.
La predela de Urbino es la palabra
clausuradora de Paolo Uccello:
sombras de azogue, luz endemoniada
en el bozal del aire que llamea.
Pero no es muralla la predela;
la palabra absoluta de la alhaja,
el encerado de la claridad.

Pere Gimferrer, Alma Venus, Seix Barral, 2012



viernes, 11 de enero de 2013

Zbigniew Herbert - Por qué clásicos

          
       
        
         
        
                                                  para A.H.


                         1

En el libro cuarto de la guerra del Peloponeso
cuenta Tucídides las historia de su fallida expedición
entre largos discursos de caudillos
batallas asedios peste
tupida red de intrigas
ajetreos diplomáticos
el episodio es como un alfiler
en un bosque

la colonia ateniense de Anfípolis
cayó en manos de Brásidas
al retrasarse Tucídides con los refuerzos
por ellos tuvo que pagar a su ciudad natal
con un destierro de por vida

exiliados de todos los tiempos
saben cuál es el precio


                         2

Los generales de las últimas guerras
si se da un asunto semejante
gimotean de rodillas ante la posteridad
se glorían de su heroísmo
e inocencia
inculpan a sus subordinados
a los colegas envidiosos
y a los vientos hostiles

Tucídides dice sólo
que disponía de siete naves
era invierno
y navegó con rapidez


                         3

siempre que el objeto del arte
sea un jarrón hecho pedazos
una pequeña alma en pedazos
con gran lástima de sí misma

lo que tras nosotros quedará
será el llanto de los amantes
en algún hotelucho sucio
cuando el empapelado albea


Zbigniew Herbert, Informe desde la ciudad sitiada y otros poemas, trad. Xaverio Ballester, Hiperión, 2008

sábado, 29 de diciembre de 2012

Mark Strand - Mantener las cosas juntas

       
       
         
          
        
En el campo
soy la ausencia
de campo.
Siempre
es así.
Dondequiera que esté
soy lo que falta.

Cuando camino
parto el aire
y siempre
vuelve el aire
a ocupar los espacios
donde estuvo mi cuerpo.

Todos tenemos razones
para movernos.
Yo me muevo
para mantener las cosas juntas.


KEEPING THINGS WHOLE

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.

When I walk
I part the air
and always
the aire moves in
to fill  the spaces
where my body's been.

We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole.


Mark Strand, Sólo una canción, trad. Eduardo Chirinos, Pre-Textos, 2004

domingo, 23 de diciembre de 2012

Emily Dickinson- Poemas a la muerte

    
        
        
          
          
No es el Apocalipsis – lo que – espera,
sino nuestros deshabitados ojos –



Not "Revelation" – 'tis – that waits,
But our unfurnished eyes –


Emily Dickinson, Poemas a la muerte, Trad. Rubén Martín, Bartleby Editores           
              
               
             
           

martes, 11 de diciembre de 2012

lunes, 10 de diciembre de 2012

Angelus Silesius - El peregrino querúbico

             
             
         
           
             
Quien es Dios ve a Dios

Porque debo ver la verdadera luz tal como es,
Yo mismo he de ser luz: de otro modo, me sería imposible.


Angelus Silesius, El peregrino querúbico, trad. Lluís Duch Álvarez, Ediciones Siruela, 2005


domingo, 2 de diciembre de 2012

W. Shakespeare - Julio César

                
         
       
         
        
CASIO.- Entonces, Bruto, he interpretado mal la índole de vuestras reservas, y ésta es la causa de que ocultara en mi seno pensamientos de la mayor importancia, dignos de meditarse. Decidme, querido Bruto: ¿podeís veros la cara?

BRUTO.- No es posible, Casio, porque los ojos no pueden verse a sí mismos sino por refracción, o sea mediante otros objetos.

CASIO.- Justamente, y es muy lamentable, Bruto, que no tengáis espejos que reflejen vuestro oculto valer ante vuestras miradas, a fin de que pudierais contemplar vuestra imagen. (...)


William Shakespeare, Julio César, Obras Completas, trad. Luis Astrana Marín, Aguilar, 2003

domingo, 25 de noviembre de 2012

Edgar Lee Masters - Spoon River

   
         
        
       
       
THOMAS ROSS, JUNIOR


Lo he visto con mis propios ojos:
una golondrina
hizo su nido en un agujero en la alta ribera arcillosa
que hay cerca del embarcadero de Miller.
Pero apenas había terminado de empollar
cuando una serpiente trepó hasta el nido
para devorar a las crías.
La golondrina, agitando las alas
y con chillidos agudos,
luchó con ella,
y la cegó con el batir de alas
logrando, aunque se enroscaba y alzaba la cabeza,
que se cayera hacia atrás
y se ahogara en el río Spoon.
No había pasado ni una hora
cuando un alcaudón
empaló a la golondrina en un espino.
Lo mismo me pasó a mí, logré dominar mi baja naturaleza
pero luego me destruyó la ambición de mi hermano.


THOMAS ROSS, JR.

This I saw with my own eyes:
A cliff-shallow
Made her nest in a hole of the high claybank
There near Miller's Ford.
But no sooner were the young hatched
Than a snaked crawled up to the nest
To devour the brood.
Then the mother swallow with swift flutterings
And shrill cries
Fought at the snake,
Blinding him with the beat of her wings,
Until he, wriggling and rearing his head,
Fell backward down the bank
Into Spoon River and was drowned.
Scarcely an hour passed
Until a shrike
Impaled the motheer  swallow on a thorn.
As for myself I overcame my lower nature
Only to be destroyed by my brother's ambition.


Edgar Lee Masters, Antología de Spoon River, trad. Jaime Priede, Bartleby Editores, 2012

sábado, 17 de noviembre de 2012

Raymond Carver - Termópilas


 
    
       
 

De vuelta al hotel, al contemplar cómo se suelta y cepilla
su pelo castaño frente a la ventana, perdida en sus propios pensamientos,
con la mirada en otra parte, me acuerdo por algún motivo de aquellos
lacedemonios sobre los que escribió Heródoto, cuyo deber
era defender las Puertas ante el ejército persa. Y
las defendieron. Durante cuatro días. Antes, sin embargo,
ante la incredulidad del propio Jerjes, los soldados griegos
se sentaron despreocupadamente por fuera del muro
de troncos cortados, las armas apiladas,
peinando y repeinando sus largos cabellos, como si se tratara
simplemente de otro día más de campaña.
Cuando Jerjes quiso saber qué significaba aquella exhibición,
le dijeron Cuando estos hombres van a perder la vida
quieren que sus cabezas estén hermosas.
Ella posa el cepillo de mango de hueso y se acerca
aún más a la ventana y a la decreciente luz de la tarde. Algo,
un movimiento o un crujido, llega desde abajo y ha atraído
su atención. Una mirada, y se desentiende.



THERMOPYLAE


Back at the hotel, watching her loosen, then comb out
her russet ahir in front of the window, she deep in private
thought,
her eyes somewhere else, I am reminded for some reason of
those
Lacedamonians Herodotus wrote about, wose duty
it was to hold the Gates against the Persian army. And who
did. For four days. First, though, under the disbelieving
eyes of Xerxes himself, the Greek soldiers sprawled as if
uncaring, outside their timber-hewn walls, arms stacked,
combing and combing their long hair, as if it were
simply another day in an otherwise unremarkable campaing.
When Xerxes demanded to know what such display signified,
he was told, When these men are about to leave their lives
tehy first make their heads beautiful.
She lays down her bone-handle comb and moves closer
to the window and the mean afternoon light. Something, some
creaking movement from below, has caught her
attention. A look, and it lets her go.


Raymond Carver, Todos nosotros, trad. Jaime Priede, Bartleby Editores, 2006

domingo, 11 de noviembre de 2012

Almudena Guzmán - El príncipe rojo


       
          
         
           
         
Dulce y hermoso como la sangre
el príncipe rojo ante mí.

Come y bebe del banquete
de mi cuerpo
hasta hartarte.

Hasta que la venganza deje de ser,
por tu espada,
la voz que clama en el desierto.

Almudena Guzmán, El príncipe rojo, Hiperión, 2005


jueves, 1 de noviembre de 2012

Miguel Veyrat - Alma, yo te aprendo


              
          
       
   
Alma, yo te aprendo,
cada vez que llega
un muerto nuevo
a fundirse con la esencia
de aquel hombre
-también ciego y no mortal
que conmigo sobrevive.
Pero remo todavía
por las vetas
de la playa silenciosa
y ayudo al viento
a robar más soma por Oriente.
Juntos confiscamos
individuos a mi especie
para reír y jugar felices
a creerlos inmortales.

 Miguel Veyrat, en http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/miguelveyrat/

 

martes, 30 de octubre de 2012

Antara - La muerte, la aguada


     
      
       
         
El tiempo ha pasado sobre los restos del campamento
entre al-Lakin y al-Harmal.
Me detuve en su recinto, perplejo, interrogando a las moradas
como hacen los que no han olvidado.
Abandonadas por sus habitantes,
con ellas han jugado las lluvias y los vientos destructores
y en los rincones ennegrecidos ha crecido la yerba.
¿Son tus lágrimas las que resbalan sobre el palanquín
o es el llanto de una paloma en la enramada?

Ella se precipitó al hacerme meter la muerte
como si la muerte pudiera no alcanzarme.
Y le contesté: la muerte es una aguada
en la que acabaremos todos por beber.
Guarda tu temor. No te diré que no,
pero debes saber que soy un hombre
que morirá si un día no le matan.

Antara (525-615), de La poesía árabe clásica, trad. Josefina Veglison Elías de Molins, Hiperión,1997

martes, 23 de octubre de 2012

domingo, 14 de octubre de 2012

Javier Egea

           
         
         
           
             
                                                                   Volverán las oscuras...
                                           GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER


Tú que todo los sabes
sabrás que regresarán los vencejos
y no han reconocido los aleros ni el patio
y parecieran locos sobre tantas ruinas.


Javier Egea, Poesía completa (Volumen I), Bartleby Editores, 2011

domingo, 7 de octubre de 2012

martes, 2 de octubre de 2012

Houellebecq - Sobrevivir


        
         
         
         
        


Un poeta muerto ya no puede escribir. De ahí la importancia de seguir vivo.

(...) Respetad a los filósofos, pero no les imitéis. Vuestra vía, desgraciadamente, se encuentra en otro sitio. Es indisocialbe de la neurosis. La experiencia poética y la experiencia neurótica son dos caminos que se cruzan, se entrelazan, y acaban por confudirse la mayoría de las veces, esto último por disolución del filón poético en el torrente sangriento de la neurosis. Pero no tenéis elección. No hay otro camino.
Trabajar permanentemente en vuestras obsesiones acabará conviertiéndoos en una piltrafa patética, minada por la angustia o devastada por la apatía. Pero, lo repito, no hay otro camino. Debéis alcanzar el punto sin retorno. Romper el círculo. Y producir algunos poemas antes de estrellaros contra el suelo. Habréis entrevisto espacios inmensos. Toda gran pasión desemboca en el infinito.

(...) Sois ricos. Conocéis el Bien, conocéis el Mal. No renuciéis nunca a separarlos; no os dejéis liar por la tolerancia, ese pobre estigma de la edad La poesía está en condiciones de establecer verdades morales definitivas. Debéis odiar la libertad con todas vuestras fuerzas.

Michel Houellebecq, Sobrevivir. Método, en Poesía, trad. Altair Díez y Abel H. Pozuelo, Anagrama, 2012


domingo, 16 de septiembre de 2012

The Lady of Shallot - John William Waterhouse


                                         Cansada estoy de las sombras (...)

J. W. Waterhouse, The Lady of Shallot (1888)





martes, 11 de septiembre de 2012

Antonio Carvajal - San Miguel

          
         
               
                      
                
Tu espada de dos filos, amor, tiene una mella,
y si come la carne, deja completo el hueso.
Por más que coma en llanto, por más que coma en beso,
el esqueleto intacto no padece tu huella.

Fosforece en la noche, gusano, espejo, estrella,
costilla, fémur, radio, tímpano, siempre ileso,
y el hierro de tu espada, avaricioso y preso,
llora y besa sin pausa por la mejilla bella.

Tu boca de dos labios, arcángel luminoso,
me sacude en mí mismo, los huesos me distiende,
me rinde desmayado de luz mientras me fresa.

Puede más que tu espada de filo caprichoso,
y me hiende la boca, y la carne me hiende,
y el hueso con un beso me hiende y atraviesa.

Antonio Carvajal, Tigres en el jardín, Hiperión, 2001

sábado, 1 de septiembre de 2012

Olvido García Valdés

             
          
          
           
          
decía que había sido y era
en ésta y no en otra vida por
la impresión o el sonido
fijeza móvil o desdicha
bestia parda brillo maullido
negro canto

Olvido García Valdés, Lo solo del animal, Tusquets, 2012

sábado, 18 de agosto de 2012

Guillermo Carnero - Bacanales en Rímini para olvidar a Isotta

                  
           
           
          
          
En unas breves horas puede el vino, en la dulce demencia del festín,
y las arpas, laúdes, las delicadas sedas,
aplacar el amor, como la cólera. ¿Qué queda como presa a la vejez,
qué peor enemigo que este arte
de conservar la vida? El brillo de los mármoles labrados
no ocultará tu muerte. No seremos
dentro de poco ya, ni estos dorados
cortinajes, las vívidas hogueras,
el carmesí arrugado tras la danza
ni el líquido destello de las gemas
en los rubios cabellos, tras el baño.
Proclaman en el llano azul los fresnos
el baño de las ninfas. Un tropel
de centauros te cerca. Todos estos brillantes candeleros y telas
han de prevalecer sobre nosotros, quizá será la muerte
la única certeza que nos ha sido dado alzar sobre la tierra,
escuchad cómo rasga una hoja lentísima los tapices del palio,
cómo se desvanecen esos versos unidos a la música, cómo la proa del Buccentoro,
sumergiendo en el agua los flecos amarillos,
se acerca, con los rojos gallardetes al viento,
mientras flotan sin rumbo cadáveres y rosas.

Guillermo Carnero, Dibujo de la muerte. Obra poética, Cátedra, 1998

domingo, 12 de agosto de 2012

Wallace Stevens - Las Auroras de Otoño

           
         
          
          
                                     
            
                I


Aquí es donde vive la serpiente, la sin cuerpo,
Su cabeza es aire. En cada cielo, por la noche,
Debajo de su cola se abren ojos que nos miran.

¿O esto es otro culebrear fuera del huevo,
Otra imagen al final de la caverna,
Otra sin cuerpo para la vieja piel?

Aquí es donde vive la serpiente. Éste es su nido,
Estos campos, estas colinas, estas teñidas distancias,
Y los pinos encima, y a lo largo y al costado del mar.

Esto es forma engullendo lo informe,
Piel relampagueando hacia desapariciones anheladas,
Y el cuerpo de la serpiente relampagueando sin piel.

Ésta es la altura emergiendo y su base
Estas luces pueden finalmente alcanzar un polo
En la semicerrada medianoche y encontrar la serpiente allí,

En otro nido, el amo del laberinto
De cuerpo y aire e imágenes y formas,
Inexorablemente en posesión de la felicidad.

Éste es su veneno: que hemos de desconfiar
Incluso de esto. Sus meditaciones en los helechos,
Cuando se movía tan apenas para estar segura del sol,

Nos hizo no menos seguros. Vimos en su cabeza,
Anillada de negro sobre la roca, el animal moteado,
La hierba móvil, el Indio en su claro del bosque.


                                I


This is where the serpent lives, the bodiless.
His head is air. Beneath his tip at night,
eyes on and fix on us in every shy.

Or is this another wriggling out of the egg,
Another image at the end of the cave,
Another bodiless for the body´s slough?

This is form gulping after formlessness,
These fields, these hills, these tinted distances,
And the pines above and along and beside the sea.

This is form gulping after formlessness,
Skin flashing to wished-for disappearances
And the serpent body flashing without the skin.

This is the height emerging and its base
These lights may finally attain a pole
In the midmost midnight and find the serpent there,

In another nest, the master of the maze
Of body and air and forms and images,
Relentlessly in possession of happiness.

This is his poison: that we should disbelieve
Even that. His meditations in the ferns,
When he moved so slightly to make sure of sun,

Made us no less as sure. We saw in his head,
Black beaded on the rock, the flecked animal,
The moving grass, the Indian in his glade.


Wallace Stevens, Las Auroras de Otoño y otros poemas, trad. Jenaro Talens, Visor, 2012


sábado, 4 de agosto de 2012

Rafael Cadenas

       
          
        
            
      

Gracias a unas paces
hondas,
esta tierra y tú
se vuelven de nuevo
acordes
como en los solares
desaparecidos
de tu infancia
Cuando eras inmortal.
Cuando eras.

Rafael Cadenas, Sobre abierto, Pre-Textos, 2012

domingo, 22 de julio de 2012

Clara Janés - Variables ocultas

                      
            
             
          
          

Y la palabra deja de ser su forma, que queda como
una piel de serpiente abandonada en la arena. Su
fuerza es interior, posee incluso a la boca muda.

Clara Janés, Variables ocultas, Vaso Roto Ediciones, 2010

domingo, 15 de julio de 2012

Vladimir Nabokov - Habla, memoria

                  
          
            
           
         

Así, cuando la recién descubierta, fresca y pulcra fórmula de mi edad, cuatro años, quedó confrontada con las fórmulas paternales, treinta y tres y veintisiete, algo me ocurrió. Experimenté una conmoción de efectos tremendamente vigorizantes. Como si me hubieran sometido a un segundo bautismo, de tendencia más divina que el remojón de rito ortodoxo griego sufrido cincuenta meses antes por un aullante, semiahogado, semiVictor (mi madre, a través de la entrecerrada puerta, consiguió corregir al chapucero arcipreste, el padre Konstantin Vetvenitski), me sentí sumergio bruscamente en un medio radiante y móvil que era ni más ni menos que el puro elemento del tiempo. El cual era compartido –de la misma manera que los excitados bañistas comparten la reluciente agua del mar– con criaturas que no eran yo mismo pero que estaban unidas a mí por el común fluir del tiempo, un ambiente muy diferente al mundo espacial, que no sólo es percibido por los hombres sino también por los monos y las mariposas. En ese momento tomé la aguda conciencia de que el ser de veintisiete años, vestido de suave blanco y rosa, que sostenía mi mano izquierda, era mi madre, y que el ser de treinta y tres años, era mi padre. Entre ellos, que iban paseando, yo caminaba saltando y trotando y saltando otra vez, de mancha de sol en mancha de sol, por el centro de un sendero que hoy día puedo identificar fácilmente como aquel paseo de robles jóvenes que había en el parque de nuestra casa de campo, Vyra, en lo que fuera la provincia de San Petersburgo. Ciertamente, desde mi actual cresta de tiempo remoto, aislado y casi deshabitado, veo a mi yo diminuto que celebra, en aquel día de agosto de 1903, el nacimiento de la vida consciente.

Vladimir Nabokov, Habla, memoria, trad. Enrique Murillo, Anagrama, 2006

sábado, 30 de junio de 2012

Miguel Veyrat - Guarida de estrellas, X






Obediente el ciego escriba
anota que mandaste
atar tu cuerpo taponando
con cera la mente de los tuyos
y recibir en solitario
la caricia del sentido: ¿Cómo
pudiste vivir con tal secreto? El
prudente Homero nos mintió
pues nadie podría amarte
ni esperarte –delatado
entre las mañas y el loto, lúcido
y loco en tu postrera huida
hacia adelante. Más tarde
cuando el Viejo Capitán
se hizo cargo del viaje
y zarpaste presto hacia el vacío
pudo verse que mantenías –entre
dos rojas heridas, el latir
de la canción robada. Siglos
después un fiel amor –uno
de los nuestros, te hundiría
para siempre en el círculo octavo
del Infierno.

Miguel Veyrat, en http://bib.cervantesvirtual.com/bib_autor/miguelveyrat/


domingo, 24 de junio de 2012

Carl Seelig - Paseos con Robert Walser

(...)
   -¡Hagámoslo todo a pie!
   Señala una cima verde, hacia el sur. A mí me parece infinitamente lejos, pero él tiene que hacer su voluntad. Adopta un ritmo casi frenético. Los pantalones le quedan un poquitín largos; dice que son los de su hermano Karl. ¡Bajamos un barranco! Es el viejo camino de herradura, a mano derecha una soga, agarrándose a la cual desciende casi en vertical. Propongo un baño en el cercano río que corre a nuestros pies, color verde musgo; tampoco sería despreciable un segundo desayuno, le digo. Robert se niega con gesto de espanto, y declama con irónico patetismo: "¡El que quiere vencer no descansa!". ¡Así que a subir por el otro lado! Trepa como un gato, luego pasamos ante huertos solitarios, ante pastos de fuerte aroma, bosques y más bosques...
   Empezamos una larga discusión sobre el tema siguiente, propuesto por mí:
   La joven y atractiva hija de un matrimonio amigo ha caído bajo la influencia de un mal tipo, con el que a veces veo a la muchacha en un café. Me han hablado mucho y mal acerca de este joven de aspecto brutal y desaliñado, del que se supone que tiene poderes hipnóticos. Se dice que abusa de ellos en sus relaciones con los jóvenes. Me han dado nombres, y me dicen que hace beber a la hija de mis amigos y se la lleva entrada la noche a locales de mala nota. El problema es: ¿debo alertar al padre (la madre está enferma y necesita cuidados) del peligro que corre su hija o debo callar? Robert medita concienzudamente sobre el asunto, y se informa con viveza de los detalles. Luego dice:
   -Le aconsejo, como amigo, que no haga nada. No hará más que exponerse a disgustos. Quizá sospechen que es usted un chismoso, que tiene celos y que es un beato. ¡Qué le importa a usted esa muchacha! Ese amor, aunque termine desdichadamente, será una escuela de la experiencia para esa ingenua criatura. Hay  que tener confianza en la vida y en las personas, confianza en que tales momentos de peligro despertarán en ellas las energías positivas. Quien cae, también puede levantarse... ¡No, no, yo en su lugar guardaría silencio!
   -Admitido: es probable que mi intervención no me reporte más que disgustos. Pero no se trata de mi paz espiritual, se trata de la muchacha, que es demasiado buena para ese canalla. Las obligaciones de la amistad exigen, en mi opinión, decírselo a su padre.
   -No hay obligaciones de la amistad. No existe más que la amistad, libre y sin ataduras. ¿Por qué interfiere usted en asuntos en los que sólo el padre y la madre son responsables?
   -Siento las cosas de forma distinta. Sinceramente. Si en un combate un amigo cayera junto a mí, para mí sería obvio ocuparme de él a toda costa.
   -También eso es un error. Usted no debería ocupare más que de la victoria, es decir, de avanzar y ganar la batalla. No se puede olvidar el gran objetivo por cuestiones privadas. El que quiere vencer tiene que saber contar con las víctimas.
   Hasta llegar a la cumbre, Robert desarrolla para mí sus peculiares ideas sobre el tema. Me habla de una belleza de Biel a la que veía a veces en Zúrich. Había muerto miserablemente de resultas de un aborto pero, con su encanto, había hecho felices a muchos hombres. También tenía que haber existencias que no se dedicaran a hacer una vida normal, sino que se desarrollaran por vías marginales, destinos extraños. No se podía examinar lo insondable de la naturaleza.

Carl Seelig, Paseos con Robert Walser, trad. Carlos Fortea, Ediciones Siruela

sábado, 16 de junio de 2012

Henrik Nordbrandt - Baklava

            
              
               
               
            

Me siento incómodo en Atenas, en Estambul
lo mismo que en Beirut. Allí la gente
parece saber algo de mí
que yo jamás comprendí,
algo tentador y mortalmente peligroso
como la calle de tumbas submarinas
donde buceamos buscando ánforas el verano pasado
un secreto – a medias presentido
como espiado por las miradas de los vendedores callejeros
que de pronto me hacen penosamente
consciente de mi esqueleto. Como si las monedas de oro
que los niños me ofrecen
hubiesen sido robadas de mi propia tumba
anoche. Y como si ellos indiferentes
hubiesen machacado todos los huesos de mi cabeza
para poder cogerlas. Como si
la torta que me acabo de comer hace un instante
hubiese sido endulzada con mi propia sangre.

Henrik Nordbrandt, Poesía nórdica, Antología de Francisco J. Uriz