domingo, 7 de julio de 2013

Cartas de la monja portuguesa - Mariana Alcoforado



     
     
       
   
Adiós. Quisiera no haberos nunca visto. ¡Ah, me doy cuenta vivamente de la falsedad de este sentimiento y, en el instante en que os escribo, sé que prefiero ser desgraciada, al amaros, a no haberos visto nunca! Acepto, pues, sin protesta alguna mi adverso destino, ya que no habéis querido mejorarlo. Adiós. Prometedme que si muero de dolor me lloraréis tiernamente. Y que al menos la violencia de mi pasión os cause disgusto y os aparte de todo. Este consuelo me bastará y si es necesario que os abandone para siempre, no quisiera en modo alguno entregaros a otra. ¿Acaso no seríais muy cruel si os valierais de mi desesperación para volveros más atractivo y para vanagloriaros de haber inspirado la mayor pasión del mundo? De nuevo adiós. Os escribo estas cartas demasiado largas y no me preocupo lo bastante de vos, pero os pido perdón y me atrevo a esperar un poco de indulgencia para una pobre insensata que, como vos sabéis, no lo era antes de amaros. Adiós. Me parece que os hablo demasiado a menudo del insoportable estado en que me encuentro. Sin embargo, desde el fondo de mi corazón os agradezco el desespero que ma causáis y detesto la tranquilidad en que viví cuando no os conocía. Adiós. Mi pasión crece por momentos. ¡Ah, cuántas cosas tengo que deciros!

Mariana Alcoforado, Cartas de la monja portuguesa, trad. Enrique Badosa, Acantilado, 2003

2 comentarios:

ana dijo...

Mariana tan llena de contradicciones,sería un tópico decir que se enamora para encontrar a Dios, el siempre inalcanzable?
saludos y abrazo

Durandarte dijo...


No conocía esas cinco cartas fascinantes. En ellas, la ascesis amatoria desemboca en el desengaño liberador. No es Dios pero se le parece.

Saludos, Ana.

D.