domingo, 19 de diciembre de 2010

José María Álvarez - El impresor que vivía en la llamada Cuesta del Maestro Francés






Hecho de carnemomia

–Miguel de Cervantes–

Ahora ha enfocado su atención en las arañas y ha cazado varios ejemplares bastante grandes que ha encerrado en una caja. Las alimenta con moscas y el número de éstas está disminuyendo sensiblemente

–Abraham Stoker–

Me ha molestado usted, y, por desgracia, soy tan nervioso que necesito mucho tiempo para volver a orientarme

–Franz Kafka–

Dedicado
a
Ferdinand Joseph la Menthe


Conocido por toda Cartagena,
el impresor Matías bajaba diariamente
su calle, saludando,
abrochándose a veces la bragueta,
hasta el viejo café donde tomaba
su escueto desayuno con anís.
El impresor Matías trabajaba
solo. Su buen hijo
en un principio hijo con guardapolvos,
ya no viene al taller, casóse, vive
en Barcelona, y nunca escribe.
El impresor Matías ha olvidado
toda la historia. Bebe, paga
su copa. Y después marcha
como el rey de los cuentos, al trabajo,
derecho y muy peinado, quiero decir
con fijador sus cuatro pelos.
Hemos de remontarnos al Cantón.

José María Álvarez, Museo de Cera, Visor, 1993

5 comentarios:

ana dijo...

Encuentro con la equívoca envoltura de lo real.
...Carnemomia

saludos

Durandarte dijo...

Término incómodo y certero. Memoria embalsamada.

Saludos, ana

Blanca Andreu dijo...

Este poema, francamente, me parece de una vulgaridad extrema y me extraña en tu exquisito blog, caballero Durandarte

Durandarte dijo...

Aquí es donde ahora diría, contradiciendo al poeta, que no se puede ser sublime sin interrupción.

Sin embargo, mejor que el poema se defienda solo, que para mí, lo hace.

Saludos, Blanca.

Blanca Andreu dijo...

Quandoque bonus dormitat Homerus. Pero en el caso de este poeta se está echando una siesta de obispo, con pijama, padrenuestro y-por ponerme a su altura-orinal.

Disculpa mi insolencia, que no va contra ti sino contra ese fantasma tabernario con incrustaciones yámbicas y poética de lamelibranquio alpino