sábado, 2 de mayo de 2009

El mar glacial - C.D.Friedrich




C.D.Friedrich, El mar glacial (1823-1824)

7 comentarios:

Alexánder Obando dijo...

Nunca ha dejado de fascinarme este cuadro, como también su pintura de las ruinas de un monasterio en el bosque, (no recuerdo el nombre del cuadro).

karmen blázquez dijo...

Gracias Durandarte, porque no conocía este cuadro, sobre el que podría sin embargo escribir tantas sensaciones que provoca, en primer lugar la pregunta, ¿cómo consigue Friedrich ese contrapunto de las dimensiones hasta el vértigo, el vacío monstruoso? Aquí, la luz tan íntima,tenue como de cuarto de estar vainilla, en medio de un mar ciclópeo que ni siquiera se da cuenta del naufragio del barco,es horripilante la soledad y tanta su belleza...
Un abrazo
k

Durandarte dijo...

Este cuadro siempre me remite al pasaje de Frankenstein (o viceversa), aunque en realidad está inspirado en la narración de una de las expediciones al Ártico.
Al margen esas relaciones, comparto la opresión innombrable, el vértigo como bien dices. Síntomas similares se producen con la lectura de Mont Blanc de Shelley. Sería la enfermedad del siglo.

Un saludo, Karmen.

P.

Durandarte dijo...

Tampoco recordaba el título: podría ser Abadía en el encinar, o también Ruina de Eldena.

Saludos

P.

Wunderk dijo...

Friedrich es fantástico. A mí también me fascina esta pintura, como casi toda su obra.

Yo una vez la utilicé para ilustrar una entrada sobre "eternidad". No sé por qué ese concepto me llevó a esa imagen, que más que sobre eternidad remite a algo atemporal.

Es lo que tiene la pintura de Friedrich, que es muy contemporánea, puede que de ahí venga la atemporalidad de la que hablo.

Durandarte dijo...

En mi caso, Wunderk, este pintor va unido a una ilustración de la Historia de la Literatura de José María Valverde y Martín de Riquer.
Lejos de la infinitud, comenzó siendo la imagen del capítulo dedicado al Romanticismo. Bastarían unos días para que su obra desbordara ese límite que marcaba mi ignorancia.
Sin embargo, no termino de entenderlo como contemporáneo, porque es muy difícil hallar hoy siquiera un pequeña parte del aliento de su tiempo.

Saludos

P.

Wunderk dijo...

Tienes toda la razón del mundo. Nunca debía haber utilizado el adjetivo "contemporáneo". Puede que me haya dejado llevar por esa imagen central del naufragio, que tiende a la abstracción.

Pero me sigo quedando con lo de atemporal... o puede que me deje llevar por mi espíritu que está más cercano al aliento de ese tiempo.