sábado, 7 de marzo de 2009

Manuel Vilas (del poema SIDA)






II

Te he oído, hermana, dejar tus días en las paredes
de mi viejo corazón.
Pareces la nieta de Dostoievski,
sabia y corrompida por querer ser más sabia.
Seres suspendidos para siempre en un aire caliente.
Seres rotos,
seres que nacieron llenos de agujeros de bala,
de cuchillos,
de disparos contra la naturaleza,
lujurias de los árboles,
seres con cuentas canceladas
en inmundas sucursales bancarias del Tercer Mundo,
seres con pasaportes emitidos
por funcionarios fracasados y corrompidos
de sultanatos hediondos, de climas húmedos,
con tormentos diarios,
con ejecuciones diarias,
manos cortadas en todo tiempo,
seres incadescentes de todo mal.

Cómo me desesperas, tú, que pareces
la biznieta de Ana Karenina,
rodeada de huesudas velas
humeando en el vientre.
Vi tu pelo teñido, las manos de otros hombres
tocando tu pelo.
Fui tu marido. Fui tu padre. Fui tu hijo.
Fui tu suegro. Tu rey.
Tu amiga, tu hermana,
tu hija,
todos tus pecados,
tus crímenes y tus secretos,
tu decadencia,
tu carne y su dureza,
tu imperio y su triste egoísmo,
tu olor negro.
Fui tu hermética fragilidad.
Fui tu salvación
en el día del juicio,
después de la resurrección de la carne,
caídas a tus pies todas las mitologías.

Hace años que estoy loco,
hace años que sólo Dios sabe adónde me arroja,
por qué ha convertido mi corazón en esta sala con pasiones
carnales en que la carne dejó de ser carne
pero no se convirtió
en espíritu, en ala, en vela, en un poco de amor,
esta sala del infiel conocimiento.

Esta muerte real.

No nos dejarán morir como chicos y chicas nadando en los ríos.
Moriremos como perros envejecidos en mitad de la juventud.

Y nadie nos querrá,
prepárate porque ya estoy hablando solo.

Quedará todo por hacer, todo sin cumplir.
Me arrastraré por los hospitales y moriré de miedo,
yo, que soy un niño.

Como chicos y chicas nadando en los ríos,
con las biciletas apoyadas en los árboles.

Quisiera ser un árbol.

Tanta suerte.

Suerte es este beso que yo te doy.

Suerte fue bañarme en los mares, perdurará.

Nubes.

Manuel Vilas, de Calor, Visor


No hay comentarios: