sábado, 11 de julio de 2009

Cormac McCarthy - Meridiano de sangre







El menonita contempla las sombras que hay ante ellos y que se reflejan hacia él en el espejo de detrás de la barra. Se vuelve a los reclutas. Tiene los ojos húmedos, habla despacio. La ira de Dios está dormida. Estuvo oculta un millón de años antes de que el hombre existiera y solo el hombre tiene el poder de despertarla. En el infierno hay sitio de sobra. Oídme bien. Vais a hacer la guerra de un loco a un país extranjero. Despertaréis a algo más que a los perros.
Pero ellos censuraron al viejo y le maldijeron hasta que se apartó de la barra murmurando, ¿y como iba a ser si no?
Esas cosas terminan así. Entre confusión e insultos y sangre. Siguieron bebiendo y el viento soplaba en las calles y las estrellas que habían estado en lo alto descendieron hacia el oeste y aquellos jóvenes se indispusieron con otros jóvenes y hubo intercambio de palabras imposibles de enmendar y al amanecer el chaval y el segundo cabo se arrodillaron junto al chico de Misuri que se llamaba Earl y pronunciaron su nombre pero el otro ya no podía responder.


Cormac McCarthy, Meridiano de sangre, DeBolsillo

2 comentarios:

Wunderk dijo...

¡Qué gran novela! Oscura, lírica y onírica, llena de crueldad y de muerte, de desierto y de vacío...

Durandarte dijo...

Coincido totalmente, Wunderk. Todos esos atributos la hacen una novela potentísima.

Saludos.

P.