miércoles, 24 de octubre de 2007

La vuelta de tuerca - Henry James



Estábamos al borde del lago, y, como últimamente habíamos comenzado a estudiar geografía, el lago era el mar de Azof. De pronto, en esas circunstancias, tuve la sensación de que al otro lado del mar de Azof teníamos a un interesado espectador. El conocimiento del hecho se produjo de la manera más extraña del mundo –es decir, aparte del hecho, mucho más extraño, constituido por la misma aparición–, porque yo era, en el juego, algo o alguien que podía sentarse, y lo hice en el viejo banco de piedra que dominaba el estanque; y en esa posición, de pronto, sin ninguna visión directa, comencé a tener la certidumbre de la presencia de una tercera persona.


Henry James, La vuelta de tuerca

1 comentario:

antonio medinilla dijo...

Un rincón catedralicio del buen arte, compañero, el que recoges y ofreces.

Felicidades. Antonio Medinilla.